El palomar Sambú, Sirifo, Jerry y Ansu dejaron Gambia hace tres semanas en busca de un futuro mejor y el miércoles llegaron a Vilagarcía. Su objetivo, ahora, es viajar a Cataluña
20 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Ellos tuvieron suerte, otros no pueden contarlo. Sambú, Sirifo, Jerry y Ansu lo tienen claro: no volverían a cruzar el Atlántico en patera. La experiencia fue tan dura que les ha dejado huella. Pero ahora no piensan en volver. De momento han conseguido llegar a España y ya duermen y comen caliente. Ahora les queda por delante la difícil tarea de conseguir un trabajo. En principio todos miran al otro extremo del país. Hacia Girona y Barcelona donde residen sus familiares y amigos y donde tienen más posibilidades de conseguir un empleo. Será en condiciones de miseria pero, en sus circunstancias, sin papeles y con una orden de expulsión a la espalda, a poco más pueden aspirar. Mientras no alcanzan su El Dorado, los cuatro gambianos descansan ya en el centro de acogida que Cáritas tiene en Vilaxoán. Francisco Rodríguez y Manuel Castroagudín nos abrieron ayer sus puertas para que conociésemos a los nuevos inquilinos de la casa y para que nos contasen su historia. Ellos no saben nada de español y nosotros muy poco inglés, aunque menos mal que nuestro compañero Carlos García nos sacó del apuro. Gracias a sus labores de intérprete pudimos saber un poco más de la azarosa vida de estos cuatro jóvenes africanos. Llegaron a Tenerife el 4 de marzo, tras dos semanas de duro viaje en coche y cinco días de terrible travesía por mar. Atrás lo dejaron todo. Sambú, por ejemplo, a cinco hijas que no pueden ir al colegio por falta de dinero y un trabajo de carpintero que apenas le daba para comer. Ahora llega a España con la ilusión de poder cambiar su suerte y la de su familia. En Gambia esperan como agua de mayo los primeros euros que sus padres y hermanos puedan mandar desde la opulenta Europa. Y es que Sirifo y sus amigos ya llevan gastado mucho. Prefieren no hablar del tema -se ve que el temor a las mafias de la inmigración llega incluso hasta Arousa- pero al final nos cuentan que el viaje les costó entre cien y trescientos euros. Quizás aquí no sea mucho, nos decían, pero allá es una fortuna. De momento, Sambú y sus compañeros pasarán unos días en la casa de San Cibrán, compartiendo vida con otras personas sin hogar entre los cuales hay, también, inmigrantes como ellos. Franklin y Sadu ya llevan una temporadita allí, de modo que podrán enseñarles cómo funciona el centro. Cáritas da comida, ropa, cobijo y cariño pero también tiene un fantástico invernadero y una hermosa huerta en la que hay mucho por hacer. Lo próximo que toca es plantar patatas, así que no sería raro ver a Jerry y Ansu con el sacho en la mano. Good lucky.