TRIBUNA PÚBLICA | O |
05 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.TODOS somos sabedores de la última masacre piscícola acaecida hace unos días -ya semanas, seguirán años- en el río Umia; aguas arriba del club fluvial y dentro del tramo acotado de Pontearnelas, debido a un vertido tóxico procedente de una empresa sita en...? Parece ser que los organismos oficiales le han dado carpetazo al asunto, y aquí no ha pasado nada. Hasta la próxima, que seguiremos igual. No deja de ser curioso, seamos suspicaces, que las autoridades de Ribadumia le den carpetazo, sin más. No deben alegar objeciones para que esto se quede en la impunidad, a no ser que pueda haber intereses, tanto políticos como económicos, que tanto monta. Como aficionado a la pesca fluvial expondré los motivos en los que se basa mi suspicacia. Hace unas semanas fui de pesca al río Umia, al coto de Pontearnelas, invitado por un amigo. Estuvimos intentando pescar -no me llames iluso- desde las ocho a las once de la mañana. En vista del éxito, lo dejamos y nos reunimos, para charlar un rato, con un conocido de mi compañero que paseaba por aquellos pagos. Poco después paró ante nosotros un coche del Seprona del que se apearon dos guardias que se sumaron a la conversación, que versaba ¡cómo no!, en torno al envenenamiento del río, cerca de su desembocadura. No dudaron en afirmar lo que de todos era sabido, pues lo habían visto in situ. También ellos se mostraron escépticos en cuanto a las medidas que adoptarían sus superiores, como buenos gallegos: «Iso é cousa dos de arriba, ¿sabedes? Dos que mandan máis». El cambio Me pregunto: ¿La sociedad que gestiona, en parte, el coto, se quedará con los brazos cruzados? Quizás. Lo más seguro es que sus componentes estén hartos de promesas inclumplidas y aún por encima, de sentirse ninguneados, sino represaliados. Ahora llega la esperanza del cambio. «¡Troiteiros, mexamos por vós. ¿Os ríos non teñen falta de auga? Pois decide que chove!». Señor vicepresidente, su conselleiro puede empezar. Choio no le falta, ¿sabe? Otro escrito que al fiel funcionario mandarán encestar.