Filósofos de pantufla y bata

| SERXIO GONZÁLEZ |

AROUSA

Dirección: Rey Daviña, 10, 1ºizq. 36600 Vilagarcía Correo-e: redac.arousa@lavoz.es Hoy el condón reduce un 85% la probabilidad del contagio de SIDA. Consciente del dato, alguno/a se lo pensará mejor y -por miedo a ese 15% fatídico- decidirá no jugar a la ruleta rusa y optará por dedicar sus energías a diversiones exentas de promiscuidad. Cuando la tecnología consiga fabricar condones de látex fino (con garantía de alta sensibilidad) e impermeables al paso del virus (con eficacia protectora del 100%), el riesgo de contagio será cero y el/la joven -si obvia su responsabilidad moral- se convertirá en promiscuo/a. Ahora bien, todos tenemos derecho a saber que el ámbito indicado para ejercer la actividad sexual es el matrimonio y que aquí no es lícito separar los dos significados -unitivo y procreador- del coito. La anticoncepción (método natural incluido) se opone a la paternidad responsable y a la lectura del lenguaje del cuerpo en la verdad. Sólo si la conciencia rectamente formada aprecia motivos graves que aconsejen espaciar los embarazos, será lícito utilizar el método natural, que en este caso -por salvaguardar la paternidad responsable y la dignidad de la persona- ya no podría tipificarse como «método anticonceptivo». La Iglesia Católica rechaza el uso del condón, no por su letalidad sino por ser un anticonceptivo más. El sexo es sagrado: nos damos cuenta al mirarlo con inteligencia y amor. AHORA que el auditorio es una flamante realidad me vienen a la memoria ciertas críticas, vertidas desde la zurda y la diestra. Al edificio de César Portela -mejor dicho, al hecho de que la ciudad disponga de unas instalaciones de esta magnitud- se le ha comparado con un «circo de romanos», aderezando el gracejo con argumentaciones como la que sigue: su mantenimiento y programación son muy caros, un lujo que Vilagarcía no puede permitirse. La misma queja que se arrojaba contra el parque Miguel Hernández. Ignoran estos filósofos de pantufla y bata que lo que no puede permitirse un país como éste, en el que importa más la carroña sentimental de cuatro freakies desorejados que saber leer y escribir, es relajar el esfuerzo cultural. Bienvenido el auditorio. Y ustedes, pensadores de pandereta, sigan sesteando, que así nos luce el pelo.