Configura un plantel sin un base puro, sobrepoblación de escoltas y un juego interior con tres cupos y dos piezas llamadas a absorber protagonismo
04 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los equipos de baloncesto son como los coches de fórmula 1 en el proceso de puesta a punta en busca del mejor rendimiento posible. Es clave acertar con los reglajes y ahí, al menos sobre el papel, se le presenta un desafío ingente al cuadro técnico del Obradoiro, a falta del fichaje de un cuatro para cerrar la plantilla. Salvo contratiempo de última hora, será Efe Abogidi.
Lo que más llama la atención respecto al pasado curso es la configuración del perímetro y, particularmente, el puesto del base. Hace apenas un año el director general, Héctor Galán, y el entrenador, Diego Epifanio, explicaban que la presencia de Sergi Quintela y Alex Barcello en la demarcación de escolta había aconsejado la contratación de dos bases altos, Leo Westermann y Lundqvist.
El francés, un director de juego que completó una gran campaña y lideró al equipo hacia el ascenso, no fue renovado. El sueco se lesionó en diciembre, cuando estaba haciendo buenos números, y se perderá el primer tramo de Liga. Los pronósticos más optimistas apuntan a una reaparición hacia el tramo final del año. De ahí que el club haya optado por una plantilla de trece jugadores.
En el Obradoiro 26/27 no hay ningún base puro, de los que se significan más por su capacidad para leer el juego y las ventajas. A expensas del tiempo que siga Lundqvist fuera de combate, la batuta será para Brandon Childress (1,83 metros), que se estrenará en la ACB. Es más anotador que distribuidor. Llega avalado por los 14,9 puntos y 6,8 asistencias que promedió en el Bursaspor.
Cuando no esté en pista, Epi tendrá que echar mano de la sobrepoblación de escoltas de la plantilla, jugadores en el puesto de dos que pueden echar una mano en el uno. Uno de ellos, Sergi Quintela, que cumplió con ese cometido el pasado curso tras la lesión de Speight. No obstante, en aquel momento el club se cubrió las espaldas con el fichaje de Tra Holder.
Algo parecido sucedió la pasada campaña con Caleb Agada en Lleida, donde se desenvolvió como escolta pero también como base. Y otra alternativa es Alex Barcello.
La polivalencia es una de las bazas que tratará de explotar el Monbus Obradoiro. Además de los citados escoltas, que entran en la categoría de combos, Brito ya evidenció que puede jugar en el dos y en el tres. Debutará en la ACB y le espera la exigencia de medirse a rivales con una mayor contextura física.
Una de las caras nuevas, Meindl, es capaz de desdoblarse como alero y como ala pívot. En principio, el brasileño y Yunio Barrueta son las dos referencias naturales para jugar en el tres. En su etapa en el Fuenlabrada, sin embargo, Meindl jugó más en el cuatro. Precisamente, ante el Obradoiro firmó una de sus mejores tarjetas en el rebote desempeñándose en esa demarcación, con ocho capturas en defensa y cinco en ataque.
En el juego interior hay dos nombres propios que, previsiblemente, absorberán el mayor volumen de minutos. Y, de alguna manera, son dos apuestas de cierto riesgo, a expensas de que se confirmen las expectativas.
Uno es el pívot Joel Soriano, un clásico center de gran poderío físico. La pasada campaña no cuajó en Zaragoza. De hecho, fue cortado. Pero dejó promedios de 7,6 puntos y 3,4 rebotes en apenas catorce minutos en pista. Está ante el reto de demostrar que puede ser un pívot dominante.
Efe Abogidi formará tándem con el internacional dominicano en la pintura, a falta de que se confirme su fichaje. El pívot nigeriano de 2,08 metros debutará en la Liga Endesa. Responde al perfil de un cuatro y medio.
Los minutos que dejen se los repartirán entre tres de los cupos de la plantilla: Felipe dos Anjos, Álex Galán y Alonso Faure. Y también entrará en las combinaciones Leo Meindl.