Las rutinas de Epi, entrenador del Obradoiro: mismos calcetines, mismo trayecto, misma «play list»...
ANDAR MIUDIÑO
El técnico burgalés se considera más de rituales que de supersticiones o augurios
21 may 2026 . Actualizado a las 20:20 h.Diego Epifanio, Epi, asistió el miércoles a la última de las jornadas de cañas de esta temporada organizadas por la Peña Obrajazz, en las que invita a jugadores, técnicos y dirigentes para intercambiar impresiones informalmente. En ese clima le preguntaron si es un entrenador con supersticiones. Y reconoció que es más de rutinas que de signos y augurios. Y que son muchas las pautas que nunca altera.
Ejemplos de sortilegios se pueden encontrar en todos los tiempos. Ya los romanos, antes de cada batalla, solían recurrir a las aves sagradas para saber si les iba a ir bien. Si comían grano con avidez, era buen indicador. Al parecer, Julio César las tenía varios días sin alimentar antes del gran día, para ir con más tranquilidad.
Bilardo, seleccionador argentino que ganó el Mundial 86, se las ingenió para que los policías que escoltaban al autobús de la selección fuesen siempre los mismos, y que el trayecto hasta el estadio durase exactamente el mismo tiempo. Sobradamente conocida es la aversión que tenía Luis Aragonés al color amarillo.
Epi se considera más de rituales que de supersticiones o augurios. Hay pautas de comportamiento que repite siempre, y casi milimétricamente, no tanto por una cuestión de creencia en que así habrá más opciones de que la suerte esté de su lado cuanto por fijar la atención y la concentración.
Una curiosidad es que cada temporada usa en todos los encuentros el mismo par de calcetines. Los considera una parte más de la indumentaria, como el pantalón, la camisa o la chaqueta del traje. Recuerda que solo una vez perdió uno, en San Sebastián, en partido de Liga. Ese curso tuvo que volver al mismo escenario en el playoff, en su primer año en el Leyma, y perdió. También apunta que, precisamente, con el conjunto herculino mantuvo esa pauta el curso de la ACB, y el equipo acabó bajando. Son dos vivencias que le sirven para argumentar que es más la costumbre que la conjetura o la excentricidad.
Los días de partido sí sigue a rajatabla una serie de comportamientos que se autoimpone. En los de casa, hace el mismo trayecto hasta el pabellón solo, en el coche, escuchando música de una lista específica para las jornadas de competición. Es tan variada que lo mismo puede sonar AC/DC que M-Clan. Baja al vestuario a la misma hora y deja ya todo preparado, desde la ropa hasta los chicles o la pizarra. Desde noventa minutos antes de la contienda deja de atender el teléfono. Y, ya en la pista, solo choca la mano con los jugadores una vez.
Son comportamientos que repite, pero si hay alguna alteración no se descuadra. Procura que no la haya. Y solo hace una concesión en el capítulo de lo que sí se puede considerar superstición. En su mesa, los días de partido, a la hora de comer no se pasan la sala de mano a mano.
Epi asegura que, con el paso del tiempo, ha ido relativizando y que no es tan fundamentalista como en sus primeros años en los banquillos. Pero también hay cosas que no cambian, inalterables, sin concesiones.