El Obradoiro se cita con el Zamora de la huella Hernández, un club que no ha destituido a ningún entrenador en 48 años de historia

ANDAR MIUDIÑO

Gerardo, Rubén y Saulo Hernández (presidente, jugador y entrenador del Zamora)
Gerardo, Rubén y Saulo Hernández (presidente, jugador y entrenador del Zamora)

El actual presidente, Gerardo, también fue técnico, su hijo Saulo lleva tres lustros al frente del equipo y los nietos vienen pidiendo paso

06 feb 2026 . Actualizado a las 20:28 h.

El Monbus Obradoiro visita esta tarde al Zamora en el pabellón Ángel Nieto (19.30 horas, LaLiga +). Le espera un rival ligado al apellido Hernández, aunque el entrenador, Saulo, prefiere huir de esa etiqueta porque en un club «con quinientas fichas en la cantera y representación en Primera FEB hay mucho más detrás». Pero lo cierto es que su padre, Gerardo Hernández, es fundador de la entidad. También fue entrenador, durante tres lustros, y hasta hace poco más de un año tenía el récord de partidos dirigidos. Su hijo Saulo es quien superó esa marca. Esta es su decimoquinta campaña al frente del equipo, al que cogió en la EBA. Cinco años después logró el ascenso a LEB Plata y, tras ocho singladuras en la categoría, dio el salto a la Primera FEB. Y la tercera generación ya viene avisando. Rubén, con 16 años, tuvo la oportunidad de debutar ante el Palmer Mallorca en casa. Y Pablo, con 12, está en el camino.

Saulo Hernández también confiesa un cariño especial por el Obradoiro al que se enfrentará esta tarde. Coincidió con Epi cuando ambos hicieron el curso para sacar el título de entrenador profesional en Málaga. Y antes, durante dos campañas, fue compañero de equipo de Héctor Galán, cuando los dos jugaban en el Zamora.

Alguna vez le llegaron cantos de sirena para probar en algún otro proyecto, pero no dio margen a las negociaciones: «No se me ocurre otro sitio en el que pudiera estar mejor. Es mi ciudad, mi equipo y soy muy familiar. Para mí es un orgullo que se llene el pabellón con aficionados y conocerlos a casi todos».

No es de hacer pronósticos en el tiempo. Pero tiene claro que difícilmente va a encontrar un entorno que le permita disfrutar del baloncesto, compaginarlo con la empresa familiar (aunque ahora casi todo el tiempo se lo lleva el deporte) y ver crecer a los hijos. En casa respiran básquet por todos los poros. El entrenador tiene la ventaja de que su pareja, Cristina, entiende las exigencias que comporta porque en su día fue jugadora profesional de voleibol.

También sabe que, además de todas las connotaciones emocionales, el club se caracteriza por una estabilidad que no se encuentra fácilmente. El jueves, Epi decía que «Saulo está haciendo magia en el Zamora», porque consigue resultados por encima de las expectativas, en función de los medios disponibles. El técnico, más que de magia habla de una cultura de club en la que atribuye un papel relevante a su padre: «Creo que ha trasladado al deporte valores de la empresa como la paciencia y la confianza que son muy importantes, sobre todo cuando vienen mal dadas. Aquí el jugador sabe desde el primer día que el que manda es el entrenador».

Al situar esa reflexión en el eje del tiempo, lo hace en una doble dirección. Al echar la vista atrás, observa que «en 48 años de historia, en Zamora el entrenador que empezó una temporada siempre la acabó». Al situarse en el presente, apunta que «no solo en el deporte, en la sociedad de hoy en día, con mucha presencia de las redes sociales, todo va más rápido. Y en el deporte no es fácil tener paciencia. En la Euroliga, en los primeros tres meses ya hubo siete cambios en banquillos».