Lluís Costa, base del Granada: «Cuando vi a Felicio aluciné, cuando se puso a correr aluciné todavía más»

ANDAR MIUDIÑO

XOAN A. SOLER

Jugó durante un mes en el Obradoiro hace cinco años y avisa de que el equipo nazarí llegará a Sar con más autoestima tras ganar al Andorra

21 nov 2023 . Actualizado a las 19:30 h.

La de Lluís Costa no es una trayectoria ruidosa en la ACB. Pero sigue una línea ascendente imparable que esta temporada lo sitúa entre los mejores bases de la categoría. Hace cinco años tuvo un paso fugaz por el Obradoiro en la recta final del curso, con una participación testimonial en tres partidos. El sábado regresa a Sar, pero ya con galones.

—¿Cómo recuerda su paso por el Obradoiro?

—Fue muy breve, pero intenso, cinco partidos en los que nos jugábamos la vida, con la soga al cuello. Al final, nos salvamos. A nivel deportivo tuve poca presencia, casi nula. Pero acabé contento por la permanencia. El Obradoiro siempre es un club que tiene que estar en la ACB.

—¿Y la manera de trabajar de Moncho Fernández y sus ayudantes?

—Fueron veinticinco días con cinco partidos. Pudimos trabajar poco. Siempre tocaba preparar el siguiente encuentro. Llevan con el mismo cuerpo técnico toda la vida y ahí siguen, peleando. Tienen que ser buenos. Vi la preparación de partido y creo que el equipo siempre llegaba conectado y con las ideas claras.

—Coincidió con Obst. ¿Ya se le adivinaba una gran carrera?

—A mí me gustaba muchísimo cómo jugaba. Cuando me enteré de que era tan joven, ya vi que tenía mucha carrera. Tanto como para ser campeón del mundo, no lo imaginaba, pero se le veía una madurez y un saber estar impropio de un jugador tan joven.

—¿Espera ver un Obradoiro muy distinto al de su etapa?

—Todavía no hemos entrado en el scouting de esta jornada. Creo que ahora hacen más bloqueo directo. La manera de jugar es una seña de identidad del Obradoiro y de Moncho. Buscan más indirectos que directos, con muchas jugadas más largas de lo normal. Lo he escuchado de muchos entrenadores. Son más difícil de defender. Vasileiadis, Waczynksi... Por Sar han pasado tiradores alucinantes.

—¿Y cómo es y cómo llega este Granada?

—Ahora con un poco más de autoestima. Venimos de ganar a Andorra en casa. Lo necesitábamos, solo llevábamos una victoria y cuesta. El inicio no fue el esperado. Había mucha ilusión. Vamos con ganas de seguir sumando.

—¿Y en cuanto al juego?

—Nos caracterizamos por jugar más bloqueo directo. Ahora con Kramer hemos ampliado el registro, hay más equilibrio con el indirecto. Y tenemos un referente interior con Felicio, al que buscamos dentro.

—Cada año usted ha dado un salto, pero el de este es doble o triple. ¿Cómo se consigue?

—Creo que, sobre todo, es algo mental, llegar preparado a la temporada, con confianza. El año pasado fue volver a la Liga ACB. Creo que estuve bien, aunque no hice la pretemporada por una lesión en la muñeca. Tenía claro que esta, desde el inicio, con la confianza que tenía, iba a ser buena. Pero no pensaba que tan buena a nivel individual. Estoy en un momento dulce, disfrutando mucho, intentado poder compaginar lo individual con lo colectivo..

—Usted y dos compañeros más están entre los cinco de la ACB con más minutos en pista. ¿Son la columna vertebral?

—En mi caso quizás sorprenda un poco más. El que venía como base titular no ha acabado de encajar y me he visto con más minutos. Thomasson venía para 35 sí o sí. El reserva de Cheatawn es Konontsuk, que el año pasado estaba en el mismo equipo que el base que acaba de fichar el Obradoiro. Es muy joven y necesita un proceso.

—¿Felicio es a la vez un acorazado y un catamarán?

—Tal cual. El primer día que lo vi en Granada aluciné. Y cuando se puso a correr, aluciné todavía más, por su fuerza y agilidad. Así se explica su carrera en la NBA. Es un jugador que impresiona en directo, porque no estamos acostumbrados a ver sus características. Pese a la lesión del año pasado, estamos viendo que vuelve a estar a su nivel físico.

—¿Pablo Pin es tan didáctico cómo parece?

—Sí, totalmente. Es un entrenador que, a la que juegas para él, no quieres irte. Lidera y dirige desde el optimismo, con el dejar hacer al jugador, lo invita a que crea y genere, no se mete en lo que haces y dejas de hacer, y, si tiene algo que decir, siempre lo hace de buenas maneras. Puede gritar, pero no es la tónica. Para los jugadores es una maravilla. Somos de los que pensamos que no por gritar menos hay que respetar menos. Estamos a muerte con lo que propone.

«Todo está muy difícil este año, todo súper igualado»

Esta temporada está resultando más reñida que nunca en la Liga Endesa. Hay modestos que están rayando por encima de sus expectativas y clásicos a los que les está costando coger velocidad de crucero. Se multiplican los finales de partido apretados y, tras la derrota del Real Madrid el pasado fin de semana, ya no quedan invictos.

—¿Se avecina una lucha encarnizada por entrar en los puestos de la Copa del Rey?

—El año pasado fue más claro, con los ocho teóricos favoritos haciendo buenos los pronósticos, quizás con las dudas de Valencia, que acabó clasificándose. Este año hay gente por ahí metiéndose, como el Girona. A la Penya, sin embargo, con las bajas le va a costar, el Tenerife ha tenido un inicio irregular... Está todo muy abierto y creo que habrá sorpresas. La Copa se caracteriza por eso, y creo que le vendrá bien.

—Y por abajo tres cuartos de lo mismo, porque todos los equipos podrían llevar más victorias de las que lucen actualmente en sus casilleros.

—Todo está muy difícil este año. El Palencia, por ejemplo, que solo lleva una. Vi el partido del Barça y lo tenían casi ganado. Está todo súper igualado. Cualquiera puede ganar a cualquiera, dentro de unos límites. La verdad es que es muy chulo para el espectador, pero va a ser muy duro.

—¿Hay algún jugador del Monbus Obradoiro que le llame especialmente la atención esta temporada?

—Diría que Jordan Howard, porque quizás es un poco más desconocido, el hermano de Markus, del Baskonia. También diría que la vuelta de Pustovyi, que es icónico para el Obradoiro. Se fue de Sar al Barcelona. El Obra es toda una cantera de pívots, salen para equipos más grandes e incluso para la NBA.