El futuro de Moncho Fernández, entre la alquimia y la ingeniería

«Lo que me preocupa es el Barcelona», respondió al ser preguntado por esta cuestión


Redacción / La Voz

Moncho Fernández le restó protagonismo al Barcelona en la rueda de prensa previa a la visita del Monbus Obradoiro al Palau. Acaba contrato y, como era previsible, no aclaró su futuro porque ni siquiera él conoce dónde va a estar la próxima temporada. Sabía que esa cuestión se iba a poner sobre el tapete y la zanjó sin darle demasiadas vueltas. «Lo que me preocupa es el Barcelona», respondió al ser preguntado por este asunto. Cada cosa a su tiempo y el de las negociaciones se acerca, pero es una batalla que todavía está por librar.

No es la primera vez que se verá en la tesitura de renovar o volar. Tampoco será la primera vez que entre en el radar de otros clubes. Pero en esta ocasión la pandemia no ayuda.

El Obradoiro está centrado en asegurar la permanencia matemática cuanto antes. Luego tocará precisar el impacto económico de una temporada sin público en las gradas y hasta dónde podrá llegar en el presupuesto de la próxima. Y, despejadas esas incógnitas, podrá presentar al Alquimista de Pontepedriña una propuesta y un horizonte.

Previsiblemente, habrá menos dinero para la confección del equipo y ese es un dato que no ayuda, porque son diez años obrando milagros y el más difícil todavía es una tentación peligrosa. Lo que no cambia es que las negociaciones siempre se han movido en un mismo escenario de recíproco reconocimiento, sin entrar en un tira y afloja, sin enredar por ninguna de las dos partes.

Por otro lado, es previsible que le lleguen ofertas de mayor cuantía para encabezar algún proyecto que le abriría un nuevo desafío, el de disputar una competición continental.

Visto así, el desenlace parece sencillo. Pero no lo es tanto. Porque Moncho Fernández es un tipo pasional, muy identificado con el Obradoiro, no pierde de vista lo que le ha dado al club y viceversa, y eso pesa.

Sabe que en ningún otro sitio será «o noso Moncho». También está al tanto de las ventajas de vivir en casa. Y no se le escapa que tan difícil es encadenar diez años en un mismo destino como no sentirse cuestionado, ni siquiera en las peores rachas del equipo. Este mismo curso ha pasado por un tramo de dos victorias en dieciocho jornadas.

«O noso Moncho» ha ganado jerarquía y galones para que desde fuera lo vean como don Ramón y lo quieran reclutar para algún proyecto con más poder económico, con más aspiraciones deportivas y seguramente sin tanta paciencia. Le tocará decidir si quiere seguir siendo alquimista o prefiere probar en la ingeniería.

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