Rafael Silva: «En los finales apretados no puedo acabar de ver el partido y me voy»

Ante el Gran Canaria, el consejero del Obradoiro se fue del palco mediado el último cuarto y supo el resultado en el túnel de lavado


Rafael Silva es director territorial de HM Hospitales y también consejero del Obradoiro. Llegó al club en la temporada de la LEB y ahora se reconoce un forofo que no es capaz de aguantar al pie del cañón en los partidos ajustados.

—¿Cómo llega usted al Obradoiro?

—Después del descenso, un grupo de personas vinculadas a empresas de Santiago recibimos una llamada de Raúl López para que nos sumásemos a un proyecto. Policlínica La Rosaleda, que es como se llamaba en aquel momento, decide participar. Y así nos enfrascamos en toda esta vorágine.

—¿Era ya aficionado al baloncesto?

—Siempre me gustó mucho. Conseguía darle dos botes al balón, a veces incluso tres, sin que se perdiera. Siempre fue uno de mis deportes favoritos. No entendía mucho. Ahora tengo la gran suerte de ver los partidos con Pepe Casal al lado y te va adelantando los entresijos.

—Ve los partidos hasta donde los ve, porque no siempre los acaba.

—Mi coronaria no lo permite. Es algo que no aguanto. Los partidos me pueden. En los finales apretados no puedo acabar de ver los y me voy. Apago la radio del coche, lo llevo a lavar o doy una vuelta. Y, pasado un tiempo, cuando ya acabó, me entero del resultado y decido si lo veo en la tele o lo mascullo.

—Por poner un ejemplo, el último en casa, ante el Gran Canaria.

—Estaba en el palco y me marché. Ganábamos de cinco, vi que aquello iba a estar muy apretado y me fui.

—¿Y cómo se entera del resultado?

—Con el coche en el túnel de lavado. Me fui a casa pitando y puse el último cuarto.

—¿Y el domingo con Betis?

—Quedé para comer con unos amigos y les dije que íbamos a estar hasta las siete. Deje el teléfono en casa. Hasta volver no vi el resultado. Aun así, vi el último minuto.

—Deje a un lado al aficionado. Póngase en la piel de consejero. ¿Cómo se gestiona esta temporada? ¿Qué va a pasar?

—Es complicadísimo. El Obradoiro está sufriendo muchísimo. En nuestro presupuesto el componente de abonados y ticketing es una parte fundamental, la más importante. Este año lo podemos tener más o menos salvado, con muchísimas dificultades. Pero el drama del año pasado, más el de este y un futuro incierto pone las cosas en una situación complicada.

—¿Hasta qué punto?

—Hasta que se cierre la temporada no lo podremos precisar. Y aunque somos una sociedad anónima, no hay ningún tipo de ayudas, como sí se han habilitado en planes para otras empresas que acreditan pérdidas por la pandemia. Somos una pequeña empresa en la que trabajan más de treinta personas. Y vamos a perder más del 30 % de los ingresos de los que se está hablando para quienes pueden optar a esas ayudas.

—Y todo a expensas de tratar de asegurar la permanencia, para saber el escenario en el que tocará moverse.

—Ojalá lo logremos cuanto antes. Lo primero es asegurarla y hasta el rabo todo es toro. Como dice un amigo mío, queda moita mar. Quedan partidos fundamentales. Hasta la fecha, si repasamos todos los de cara o cruz, nos ha salido más veces cruz. Cada partido es una oportunidad en un año de muchos contratiempos. En algún momento dije que nos hacía falta un exorcista. Me quedé corto. Necesitamos un gabinete de exorcistas.

—Recuerdo aquel pasaje, hablando del Corpiño o el exorcista ante la mirada atónita de Fray Joaquín.

—Fray Joaquín estuvo muy bien en aquella situación. Pero fíjese en todo lo que ha pasado. El covid nos dejó descolocados y destrozados físicamente. Todavía ahora se está recuperando el tono físico. Antes, en pretemporada, se lesiona un jugador clave como Kartal Ozmizrak. Ya nos había pasado antes con De Zeeuw. Luego el covid. Se lesiona Pepe Pozas. Cuando mejor estaba, también se lesiona Robertson. Y hubo más daños por el camino. Ya me dirá si no es para ir al Corpiño o una patrulla de exorcistas. Lo de este año es muy duro.

—¿Se va a exiliar en los partidos que quedan?

—Voy a estar presente en los tres primeros cuartos y luego veré. Bromas aparte, soy un forofo y lo paso mal.

«Calderón no hizo el Camino, hizo un esprint»

Rafael Silva fue uno de los miembros de la comitiva obradoirista que acompañó a José Manuel Calderón en alguna de las etapas del Camiño de Santiago.

—Hablaba antes de pretemporada. ¿Ahí descubrió que su forma física esta peor de lo que creía?

—¿Por qué?

—Peregrinando.

—Ah, sí. Es que aquello no era el Camino, con Calderón. Le decía que no había que completar 18 kilómetros en una hora. No hizo el Camino, hizo un esprint. Me pudo. Al llegar a la Susana llamé un coche. No podía. Pensé que estaba mejor de lo que estaba. Pero es que él estaba como un toro. Me habían puesto un micrófono para registrar las conversaciones y al poco vino un técnico de sonido, me lo retiró y se lo puso a otro que aguantase más el fuelle, porque no hacía más que resoplar.

—Ya que entramos en las anécdotas. ¿Tuvo una etapa en el periodismo?

—Empecé la carrera e hice mis pinitos en radio. Pero acabé estudiando Empresariales en Santiago.

—Y ahí fue lo del Teresa Herrera.

—¿Cómo le ha llegado? La persona que tenía que retransmitir un Deportivo-Sporting fue baja a última hora. Hace más de treinta años. Estaba allí y me tocó. La pelota casi siempre salía de Ablanedo y llegaba a Joaquín. Lo que pasa es que Joaquín estaba en el banquillo.

—Pues de esa no sabía nada. Algo oí de Butragueño.

—Esa es mejor dejarla ahí. Efectivamente, también fue en un Teresa Herrera.

—¿Cómo acaba afincándose en Compostela?

—Es una ciudad que siempre me gustó. Aquí hice la carrera. Luego estuve en Vigo trabajando en una empresa del sector químico. Me hicieron un planteamiento para venir a Santiago y me quedé. Estuve en varias empresas, pasé a la sanidad pública, luego a la privada. Desde el 81 siempre he mantenido la residencia en Santiago.

—Vuelva a echar la vista al frente, como consejero del Obradoiro. ¿Asusta el futuro?

—Ahora todo es complicado. Hay que conseguir la salvación cuanto antes. Mejor en el próximo partido que en la próxima semana. Y planificar. En Santiago nos estamos acostumbrando a una cosa muy normal que es, sin embargo, excepcional. Hablo de tener un equipo de ACB en una ciudad de menos de 100.000 habitantes. Parece que es algo que está ahí, como la catedral. Y no es fácil estar ahí.

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