Pozas: «No pensaba que pudo ser mi último partido con el Obra, o no»

Dice que sufre el «síndrome Rubén Vieira, que es estar en el banquillo gritando»


Hasta la pasada temporada Pepe Pozas nunca se había perdido un partido. Y de repente llegaron los percances, «cosas contra las que no se puede luchar», como él mismo dice, «la rotura, lo del ojo y ahora la rodilla». No es una cuestión a la que le dé muchas vueltas e incluso habla de suerte porque son lesiones que requieren un paréntesis pero le permiten volver a las canchas. «Dentro de unas semanas tendré el alta médica y esa es una buena noticia, dentro de lo malo», apunta.

La recuperación va por buen camino, incluso por delante de los plazos previstos: «No he tenido ningún problema de cicatrización, ni de que se me inflame la rodilla después del trabajo. Ya empiezo a hacer bicicleta, sentadillas con peso... Muchas cosas, y va respondiendo bien».

Lo que más le costó fue asimilar que se había acabado para él: «Siempre digo que para estas cosas, y para todo lo que me pasa a nivel familiar, las cosas que te marcan un poquito más, soy un poco asintomático. Hasta que no pasa el tiempo no me doy cuenta. Al principio, de cabeza muy bien. Y cuando ya vi que no iba a volver a jugar... El pensamiento que tenía yo era a ver si podía volver la gente hacia final de temporada y poder jugar delante de Sar. Eso ya se esfumó, y empieza a costra un poco más. Obviamente, gracias a mi mujer, que es la psicóloga número uno de casa, lo intento llevar bien».

Por mucho autocontrol y muy arropado que se sienta, y por más que tenga claro el contexto, es inevitable cavilar, porque acaba contrato: «Cuando estaba sentado en la pista y tumbado, nada más lesionarme, no pensaba que podía ser mi último partido con el Obra. Que puede ser. O puede que no. Tenemos estas circunstancias. Queda mucha liga, hay que cerrar los objetivos marcados a principio de temporada. Obviamente, ahora mismo no hay una planificación que se esté realizando de cara al año que viene. Lo único que tengo claro es que a nivel personal voy a estar igual que siempre, pero no porque lo diga yo, sino porque lo dicen los médicos y los fisios. No es una lesión que te cambie la carrera, que te haga plantear otro tipo de juego». Si el equipo ata la permanencia, probablemente el capitán tendrá dos preocupaciones menos.

En esa batalla está el Obradoiro, y Pepe Pozas reconoce que lo sufre más a pie de pista o viendo los partidos por la televisión: «Estoy notando mucho el síndrome Rubén Vieira, que es estar en el banquillo gritando. Lo paso mal por no poder ayudar. Y mucho peor fuera de casa, porque no puedo transmitirles cosas a los compañeros. Cuando jugamos fuera solo me queda escribirle a Rubén por el WhatsApp, que él se lo traslade a Gonzalo y Gonzalo a algún compañero, cuando veo algo que puede ayudar».

Ante el Fuenlabrada lo pasó mal, pero no lo vio perdido cuando el rival se puso trece arriba en el último cuarto: «A lo mejor hace cuatro semanas hubiese dicho que ese partido era difícil de levantar. Pero como venimos en esta dinámica de trabajar muy bien, de dar un poquito más, fue una situación que se dio en el partido, de dos tres pérdidas. En el momento que volvimos a jugar ordenados, a pasarnos la pelota, volvimos a encontrar esos tiros liberados que entraron».

El recuerdo de la bandeja ante el Estudiantes, el mejor consejero para Mike Daum

La lesión no impide a Pepe Pozas seguir ejerciendo como capitán en el día a día. Pasa todo el tiempo que puede con el equipo en Sar. Y se ha convertido en el mejor consejero de Mike Daum, que vive su semana más complicada tras el partido de Fuenlabrada.

Pozas pasó por una situación parecida, tras marrar una bandeja ante el Estudiantes que parecía hecha. Por eso tenía muy claro por dónde empezar la terapia: «Una de las cosas que más fastidia es que cuando eso sucede la gente me diga cómo estás. Ese cómo estas, no sé por que, pero me mata. Prefiero que me digan no pasa nada, a ver el próximo partido... Pero ese cómo estás, esperando una respuesta, me mata. No quería ser ese cómo estás para él. Le envié un mensaje para que no se preocupase, que ya viene otro partido. Ya el lunes estuvimos hablando».

En esa conversación le trasladó su vivencia de aquella jornada: «Le comenté que cuando se viven esos momentos lo que quieres es que la tierra te trague. Automáticamente, cuando sucede, piensas en todas las otras decisiones que, a priori, no parecían tan buenas como la que tú habías tomado, y pasaban a ser las mejores, o seguramente mejores que perder una pelota o fallar una bandeja. Creo que todos fuimos en la misma línea, que si volvemos a jugar este partido ganamos nueve de cada diez. Él es el primero que reconoce que no hizo su mejor partido, ya no solo por ese error, sino por otros que cometió. Es un tío trabajador y honesto».

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