Ganar cuando realmente hace falta

La salida de los vestuarios tras el descanso fue un vendaval ofensivo


A pesar de que en la previa los protagonistas no calificaban el partido como una final, ya que todavía quedan diez jornadas, lo cierto es que todos sabíamos que este choque estaba marcado en rojo en el calendario. Las caras de los jugadores y el cuerpo técnico denotaban que la tensión flotaba en el ambiente.

Esta presión se confirmó en los primeros dos cuartos del partido, en donde las imprecisiones y la falta de acierto fueron la tónica predominante. Un ataque muy espeso y una defensa falta de concentración, en la que ni las faltas hacían acto de presencia, con solo cinco de equipo al terminar la primera parte. Solo Czerapovich mantenía con su acierto el poder anotador del equipo, acompañado por ciertos destellos de Enoch. Solo el rebote y las pocas pérdidas nos hicieron llegar vivos al descanso, con solo un punto abajo.

La salida de los vestuarios fue un vendaval ofensivo por parte de ambos equipos, en donde el Obra con un parcial de 12-7 en los primeros tres minutos daba la sensación de soltar lastre y sacudirse la presión. La defensa empezó a funcionar y parecía que tras conseguir una ventaja de 10 puntos el equipo empezaba a dar la medida.

Nada más lejos de la realidad. El Gipuzkoa apretó en defensa y tuvo la oportunidad de empatar el partido en la que para mí fue la jugada clave del partido. Dos tiros libres fallados por parte de los donostiarras, seguido de un triple de Oliver y una canasta de Daum, llevaron la ventaja a los siete puntos con cinco minutos por jugarse.

A partir de ahí, y tras alguna acción polémica, el Obra controló el partido gracias a la veteranía de Oliver y al acierto y control ofensivo de Robertson. Si miramos plantillas, somos superiores, pero eso en baloncesto no basta. Hay que demostrarlo en este tipo de partidos.

Fue una importantísima victoria, pero quizás lo más importante es haber roto la racha de derrotas que durante muchas jornadas pesaban como una losa. Espero que el equipo gane en confianza y demuestre el juego que puede desarrollar en la próxima final de Fuenlabrada. Todavía quedan nueve jornadas y en la Liga Endesa cualquier equipo puede ganarle a otro en teoría superior. Vamos miudiño y con mucha confianza.

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