Common people


Regresó de los Lakers, quería demostrar su talento. Ahora juega en Tenerife y, allí, a los 30 segundos de conocerlo, me dijo: Quiero ser un jugador corriente, quiero hacer lo que los jugadores corrientes hacen. Quiero entrenar con entrenadores corrientes, quiero entrenar con entrenadores corrientes como tú... Si no fuese brasileño, pensaría que le había afectado el sol. En fin -le respondí-, veré que puedo hacer.

Lo llevé a una cancha al aire libre en Ferrol, por algún sitio tenía que empezar. Llovía, se resbalaba y perdíamos. Marcelinho -le dije- vas a ser útil al equipo, ponte detrás de los auxiliares de mesa y vigila que no hagan trampa. «Você e tão brincalhão». ¿Ah, sí? ¿Ves a alguien más riéndose por aquí? Pero no entendía nada, siguió sonriendo y se agarró a mi brazo.

Finge que no tienes talento, llévale las mochilas a los veteranos, dobla pelis porno en el bus y apaña alguna colleja. Comparte piso con seis compañeros y trabaja de repartidor de Glovo, come pizzas y hamburguesas, baila algún flan, bebe cerveza y juega al mus y, aun así, nunca serás un jugador corriente, nunca harás lo que los jugadores corrientes hacen porque, cuando el reloj de posesión se esté agotando, cuando Txus Vidorreta esté deseando matarte, echarás el balón al aire para que lo coja Gio Shermadini y así nunca entenderás qué se siente teniendo que bajar a defender después de un ataque sin ideas ni control, sin compañeros liberados a quien pasar y el cinco rival retándote para que vayas contra él y tú aceptas y “la cagas” porque ya no te quedaba otra opción.

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