Los 2.600 del Obradoiro

La pandemia da una idea del apoyo social al club en una población de menos de 100.000 habitantes que conoce la élite del fútbol, el fútbol sala y el baloncesto


¿En los últimos treinta años, cuántas localidades de menos de 100.000 habitantes han tenido representación en la máxima categoría de fútbol, fútbol sala y baloncesto? Una, Santiago, con el Compos, el Santiago Futsal (antes Lobelle) y el Obradoiro. Con muchos paralelismos y también con singularidades.

Qué es difícil llegar, nadie lo pone en duda. Qué es más difícil mantenerse, tampoco. De hecho son tres clubes que saben lo que es hacer cumbre y que estuvieron a las puertas de la sala de autopsias, si bien evitaron in extremis el acta de defunción.

La SAD Compostela acabó en disolución, pero la entidad pudo conservar su nombre porque el juez encargado del caso lo incluyó como uno de los activos del club. En cierto sentido, entró en la sala pero salió con una documentación nueva. Un caso único.

En diciembre de 2015 el Lobelle jugó en Sar ante el Jaén sin saber si sería el último partido. Durante el encuentro los jugadores preguntaban si había novedades, si llegaban soluciones económicas. Se despidieron de la afición convencidos de que era el adiós. Pasados unos minutos, estando ya en el vestuario, se abrió la puerta de la continuidad.

El 30 de septiembre de 1992 el Obradoiro no entregó las llaves en la federación porque Mato y Docobo dieron un paso al frente para evitar el cierre y la desaparición.

Lo que ya no es tan fácil de calibrar es el nivel de apoyo social de cada uno de ellos. Pero hay un dato que habla bien del Obradoiro en este capítulo, ya que algo más de 2.600 abonados han renunciado a pedir el reintegro de sus carnés esta temporada, a sabiendas de que se acumulan partidos sin público y de que cada encuentro a puerta cerrada reporta un descuento del 5 % para la próxima campaña.

Variedad

Entre estos 2.600 los hay de todo tipo, desde los más anónimos, entre los que están aquellos que incluso iban poco por Sar en campañas precedentes, hasta los incondicionales que nunca protestan y los que disparan a todo lo que se mueve, a veces incluso al pie. Pero todos tienen en común la identificación con el club, por encima de las circunstancias y de los debates.

Es un dato más preciso que el ruido que puedan generar las redes sociales, un ruido que se vería sensiblemente atenuado si hubiese posibilidad de depurar a los tribuneros y a quienes siempre están prestos al quite. En las redes hay aficionados que rara vez visitan Sar, como hay gente que estuvo en el célebre partido del ascenso del Compos en el viejo Tartiere, en Oviedo, y nunca pisó San Lázaro. Asimismo los hay que en algún momento sí estuvieron con asiduidad y ahora acuden con discontinuidad. Son también aficionados que sienten el Obradoiro, y el reto del club es ganárselos para que den un paso más. Porque, cuantos más sean a sumar, mejor.

De los tres equipos, el único que consiguió pelear por los títulos con la élite fue el entonces llamado Lobelle, por la implicación del fundador y el presidente que le dio nombre. Fue también un mecenas. Salvando las distancias, como puede ser el caso de Juan Roig en el Valencia. Con su aportación, el equipo está cerca de los grandes, y a veces los adelanta. Como fue el caso del Lobelle en la Copa de España del 2006, la más cara de la historia a tenor de los presupuestos de todos los contendientes.

El fútbol sala creció mucho y muy rápido. El club creó una buena estructura deportiva, pero le costó asentar una masa social numerosa. Y no por dejadez o desatención.

Cuando el Obradoiro jugó su primer partido en la ACB, Sar se quedó pequeño. Era la ilusión de la primera vez. Y a pesar del descenso, el club y la afición supieron encajar el golpe y empujar para volver al primer intento.

Ilusión y desgaste

Con esta son ya diez temporadas seguidas en la élite. El desgaste es inevitable, porque no es fácil mantener esa ilusión intacta sabiendo que lo que toca es pelear por el llamado título de la permanencia, en el mejor de los casos por no sufrir y, si alguna vez vienen muy bien dadas, como en la temporada 12/13, por entrar en las eliminatorias por el título o soñar hasta la línea de meta con alcanzar la Copa del Rey.

Ahora mismo el equipo tiene el reto de buscar la undécima campaña consecutiva en la Liga Endesa, y el consejo de administración el de cuadrar unas cuentas en las que esos 2.600 fieles, con su renuncia a recuperar el dinero, han evitado un problema de liquidez. Pero, al propio tiempo, es un dinero que no entrará en las arcas del club el próximo curso.

La Primera División de Fútbol empieza a quedar un poco lejos en el tiempo. Pero en San Lázaro jugaron Ronaldo Nazario, Guardiola, Stoichkov, Raúl, Mijatovic, Fernando Redondo, Bebeto, Mauro Silva, Fran, Mostovoi, Mazinho, Ohen, Fabiano, Nacho...

El fútbol sala también se va alejando en el calendario. Pero en Sar jugaron Shumacher, Lenisio, Daniel, Manoel Tobías, Vinicius, Luis Amado, Betão, Alemao, Ciço...

Esta temporada los partidos de la Liga Endesa son a puerta cerrada, a la espera de que pase la pandemia. Pero por Sar han pasado hasta la fecha, entre otros, Luka Doncic, Juan Carlos Navarro, Maxi Kleber, Matt Thomas, Shengelia, Campazzo, Mumbrú, Raúl López...

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