Estado de alarma


Fue una mañana de domingo al límite. Madrugué para ir a correr la carrera pedestre, a puerta cerrada, eso sí. Llegué penúltimo pero esa es otra historia. Ducha rápida y al consejo extraordinario de ministros. Se suponía que iba a ser rápido pero, cuando pregunté a Pedro la hora, eran ya las 12:50. Es tardísimo -me quejé-. Haberme preguntado antes, hombre -me respondió-. Tanto tiempo para decretar el estado de alarma, si en Herbalife llevan desde el viernes. Ya lo dijera Arquímedes (la gallina estaba clueca, puso un huevo y dijo eureka): todo equipo sumergido en la mierda experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al volumen Della Valle que desaloja. 

La igualdad fue la tónica del partido. Al principio camino de un 100-100, con Herbalife encontrando ventajas jugando con Shurma de tres y el Obra respondiendo con un enorme acierto exterior, especialmente de Robertson. Se lesionó Shurma y el Obra cambió las metralletas por escopetas de feria. El partido seguía igualado pero ahora eran las defensas las que se imponían. Un poco de Ferrari por aquí, otro poco de Cohen por allá y todo por decidirse. Ya lo dijera Pindaro, incluso antes que Arquímedes: Dulce bellum Birutis.

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