El Obradoiro ata la cuarta victoria  ante el Gipuzkoa

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO

ANDAR MIUDIÑO

Sandra Alonso

Firmó un partido muy serio ante un rival que nunca se rindió

18 oct 2020 . Actualizado a las 01:15 h.

El Monbus Obradoiro ya tiene la cuarta victoria en su casillero. Doblegó al Acunsa Gipuzkoa Basket, 85-76, en un choque en el que llevó siempre la iniciativa en el marcador, pero en el que no consiguió descolgar a un rival rocoso.

El equipo santiagués se encontró con la puesta en escena deseada en los compases iniciales. Todo lo que pasaba era a su favor, incluidas dos faltas personales tempraneras de Echenique en su duelo con Birutis. Los locales atacaban con fluidez y trabajaban bien en rebote, los visitantes tenían problemas para encontrar buenas posiciones de tiro y sus porcentajes de acierto eran flojos. Fruto de todo ello fue un parcial 12-3 que obligó a Nicola a pedir tiempo muerto, a falta de 6:16 para cerrar el primer cuarto.

A partir de ahí empezaron a cambiar las cosas. El GBC demostró que es un equipo chinche y que tiene fe en lo que hace. No se fue del partido, no se desesperó.

En esos seis minutos el escenario viró a un intercambio de canastas para cerrar el acto con un 22-12 que sabía a poco visto el arranque de la contienda.

Moncho Fernández, que había cambiado de quinteto en el minuto ocho, mantuvo el mismo equipo en el arranque del segundo cuarto, con Enoch dando buenos minutos de descanso a Birutis. Pero se veía como el Obradoiro iba cediendo continuidad y algún que otro balón. Ahí apareció una brecha que le hizo daño: dos pérdidas en diez minutos, nueve al descanso.

Sin alardes, los donostiarras iban desactivando fuentes de anotación del Obradoiro a la par que se soltaban en ataque. Su mejoría fue más ostensible en la parcela ofensiva. Así se llegó al descanso con todo por decidir: 42-35.

En el tercer cuarto el Monbus Obradoiro dio otro estirón con protagonismo en este tramo para Czerapowicz y Álex Suárez, que salió en el cinco tras el descanso en lugar de Cohen. El alero sueco hizo mucho daño con el rebote ofensivo y con sus mejores minutos de cara al aro. El pívot oxigenó con sus triples. Y hacia el final fue cobrando relieve la figura de Robertson, bien acumulando puntos o repartiendo asistencias. A todo ello le sumó el colectivo de Moncho Fernández una buena actividad defensiva. La diferencia se fue hasta los 16 puntos para encarar el último acto: 69-53.