La infinita longevidad del Alquimista Moncho Fernández

El entrenador de Pontepedriña no llega a las cifras de Popovich o Sloan en la NBA, pero diez años en el mismo banquillo dejan huella en la ACB


En agosto de 2010, con 40 años, Moncho Fernández se hizo cargo de la primera plantilla del Obradoiro. Ahora tiene 50 y sigue en el mismo banquillo. El primer curso fue el del ascenso, con 45 partidos disputados y un balance de 37 victorias, a las que hay que sumar el triunfo en la Copa Príncipe. La que ahora está suspendida, y el tiempo dirá si se reanuda o no, es su novena campaña en la ACB con el conjunto compostelano, a la que habría que añadir la de su debut en la máxima categoría con el Murcia. En total son 307 encuentros en la élite, 296 con el Obra y once con el conjunto pimentonero.

Lo más curioso es que la primera vez que tuvo que dirigir a un equipo no computa en las estadísticas. Remite a su etapa como ayudante de Moncho López en Gijón, y la recuerda perfectamente: «Descalificaron a Moncho en el segundo cuarto, contra el Madrid de Scariolo, en la antigua Ciudad Deportiva del Madrid. Fueron mis primeros veinte minutos».

También rememora otro aspecto adyacente a esa experiencia: «Lo televisaban por Sportmanía. Me vio mi suegro en la tele, en un tiempo muerto, y le dijo a la que hoy es mi mujer: ‘Caramba, parece que Moncho estaba un poco enfadado.’ No había redes sociales entonces. Me vio jurando en arameo y supongo que se asustó un poco. Tampoco tanto. Él era abogado, pero había sido militar, y decía que en las situaciones de tensión había que utilizar el lenguaje adecuado».

Tuvo que pasar casi una década hasta que le llegó la oportunidad de estrenarse como primer entrenador a todos los efectos en la élite. Y ya se ha hecho un hueco entre los nombres propios con un amplio recorrido.

De los actuales técnicos en la máxima categoría, solo Pablo Laso iguala ese registro de nueve temporadas sin cambiar de destino. Pero no llega a las diez del Alquimista de Pontepedriña, sumando el año en la LEB Oro.

Son palabras mayores. Para encontrar ejemplos de una trayectoria tan o más larga de manera ininterrumpida hay que acudir a la NBA, a casos como el de Greg Popovich, que está al frente de los Spurs de San Antonio desde 1996, o de Jerry Sloan, que permaneció más de dos décadas en los Jazz de Utah.

En la ACB, Aíto García Reneses es el único que supera el umbral de los mil partidos dirigidos. Llevó las riendas del Barça trece temporadas, más tres encuentros de una decimotercera. Pero las repartió en tres etapas. Pedro Martínez es el siguiente en la lista. Lleva 26 campañas y once equipos. En Gran Canaria y Manresa, su actual club, se desdobló en tres etapas. En el Joventut y el Baskonia, dos.

Txus Vidorreta estuvo nueve años seguidos en el banquillo del Bilbao, los seis últimos en la ACB. Y Pablo Laso suma a sus nueve cursos en el Real Madrid otros tres en el Gipuzkoa Basket.

En su día el Alquimista comentó que le encantaría ser el Jaume Ponsarnau del Obradoiro. Ya lo ha superado, toda vez que el técnico catalán estuvo en el Manresa tres campañas como entrenador ayudante y siete como máximo responsable técnico.

Entre Sainz y Xavi Pascual

Echando la vista más atrás, habría que llegar a la larga singladura de Lolo Sainz en el Real Madrid. Fueron catorce temporadas en el banquillo blanco, desde 1975 hasta 1989. Cabe recordar que la ACB se puso en marcha en la 83/84. Un referente más reciente es el de Xavi Pascual. Parece que estuvo toda una vida en el Barcelona, y fueron ocho años.

Moncho Fernández lleva diez en Sar, siempre flanqueado por sus ayudantes Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez, y su actual contrato vence en junio de 2021.

«La vida te hace cambiar...»

Moncho Fernández está convencido de que una de las claves que explica su larga trayectoria en el Obradoiro es que no mira hacia atrás. De hecho, asegura que nunca se ha parado a pensar sobre el particular: «Siempre hablamos de que para nosotros el deporte es presente, y lo bueno que tiene es la inmediatez, que cada día tienes algo que hacer, ya sea entrenar, construir equipo, ir a las ligas de verano, dirigir un partido...».

Eso sí, no se siente artífice único sino una pieza más en un engranaje: «Centrarse en el día a día es la clave para estar tanto tiempo en un sitio y, además, los mismos (en referencia a sus ayudantes, Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez), que también es muy difícil. Quiere decir que has ido cumpliendo los objetivos que te han marcado. Además, siempre hemos sentido que los objetivos son algo coral, una mesa con muchas patas: nosotros, los jugadores, el club con su estabilidad, la gente que viene a vernos, el apoyo del entorno... Y no son palabras vanas o de falsa modestia. Si fallara alguno de los términos del polinomio las cosas se complicarían. Todo va a muchísima velocidad».

Tampoco acusa el desgaste: «Lo que noto es el paso del tiempo. No es lo mismo tener 40 años que 50. Lo que me ha pasado en esta década desde el punto de vista personal, lógicamente, marca mi forma de ser. Uno de mis hijos era muy pequeño, se han ido familiares muy queridos por el camino, la vida te hace cambiar... Y estar diez años como entrenador profesional te hace mejor entrenador. La Liga Endesa es muy exigente desde todos los puntos de vista». Aunque son días de incertidumbre sobre el devenir de la competición, el Alquimista de Pontepedriña no se desconecta, desde casa. El baloncesto absorbe.

Cristóbal Dios, el triatleta que se tira a un pozo helado para no perder la forma

ana iglesias

El deportista rehabilitó un pozo en A Estrada para seguir su preparación para el próximo Ironman

Un auténtico todoterreno. Y nunca mejor dicho. El confimaniento decretado por el Gobierno ante la crisis del COVID-19 no ha hecho más que agudizar el ingenio de Cristóbal Dios (A Estrada, 1991). Este triatleta intenta mantener una similar rutina de entrenamiento a la de antes de que se decretase el estado de alarma. Encerrado junto a sus padres en una casa en una aldea casi desierta cerca de A Estrada, su preparación en las tres disciplinas que conforman el triatlón tenía una carencia grave: una piscina.

Deportista infatigable y apasionado del entrenamiento, a Cristóbal se le hace cuesta arriba pensar en las dificultades. Así que indagando descubrió un pozo que su abuela utilizaba hace años para almacenar el agua. La bombilla se encendió en su mente. Su piscina de supervivencia ya sabía donde estaba. «Se nos ocurrió la idea a mi padre y a mí. Mi abuela tenía un pozo en el que recolectaba el agua, pero estaba completamente destrozado y muy sucio. La primera semana de confinamiento nos pusimos a limpiarlo y a echarle cemento, y la verdad es que nos quedó bastante bien», explica Cristóbal, que en un ironman cubre 3,8 kilómetros a nado, 180 en bici y 42 a pie. Ahora en casa pedalea en el rodillo, corre por la finca y nada en el pozo.

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