Moncho Fernández: «Solo puedo estar triste por haber perdido»

Ensalza la respuesta del equipo «en una semana con muchos problemas»


A Moncho Fernández le tocó lidiar la semana más complicada de la temporada y a un rival que está en un gran momento en el que fue su encuentro número 300 como máximo responsable técnico en la ACB. Se quedó muy cerca de obrar el milagro.

El Alquimista de Pontepedriña quiso empezar por poner en valor la actuación del equipo: «Le decía a mis jugadores que solo tengo un motivo para estar triste, que es haber perdido el partido. En una semana de muchos problemas, con lesiones, con gente en el hospital, con gente que se ha tenido que ausentar, con jugadores que han tenido que entrenar fuera de posición, han hecho un esfuerzo físico y mental muy grande. Y se lo tengo que reconocer. Al final no solo el resultado es lo que mide el trabajo de la gente. Es lo que les he dicho a ellos y lo que digo aquí».

Desacierto y rebote

Tras este prólogo, entró en el análisis de la contienda con dos aspectos que juzgó determinantes: «El desacierto en los dos primeros cuartos en el lanzamiento exterior, muy francos muchos de ellos, en acciones que normalmente anotamos, y el rebote de ataque, con el que nos castigó duramente Burgos, con muchas acciones de tiros de tres de McFadden y de Clark. Son los dos lunares baloncestísticos».

El partido acabó con un tiro libre de Daum para empatar que no entra y un balón que le bota a Brodziansky en un pie. Fue el epílogo de una semana aciaga: «Para fallar el tiro libre, como le decía a él, hay que coger antes el rebote y anotar. Y luego, la experiencia. Ahí Burgos nos ganó sobradamente. Es algo que se adquiere con el paso del tiempo. Mike estaba muy dolido. Y la acción última es un mano a mano que tienen que hacer Vlado y Fletch, parece que va a salir todo perfecto y no sé por qué motivo el balón resbaló de las manos de Vlado».

El Alquimista de Pontepedriña no paraba de darle vueltas a los contratiempos y a la falta de acierto en la primera parte, sin atreverse a calibrar hasta que punto pudo influir una cosa en la otra. Los dos jugadores suecos se sumaron a última hora al parte médico: «Chris Czerapowicz estuvo el viernes en el hospital, y el sábado, igual que Nick Spires. Y se han puesto la camiseta y han salido a jugar y darlo todo. A lo mejor lo normal es que hubiera dicho no puedo jugar. Creo que le pesa más la viriasis que esto. Chris, que había tenido una semana normal, con la cantidad de bajas en el perímetro... Pues el último sano enfermó. Es posible que esto le afecte».

En todo caso, incidió en la mala puntería hasta el descanso: «En la primera parte creo que hacemos dos de dieciséis en triples, un 12 %. Si sacas uno de final de posesión y el que tira Aleix de medio campo en la última jugada desde el medio campo, son tiros que normalmente anotamos. En la segunda parte hacemos siete de dieciséis, que es un porcentaje más cercano a lo que hacemos».

La relación de percances no dejó de crecer, incluso durante el partido: «Con Earl era la rodilla y el tobillo. Estaba fastidiado. Pero también la rodilla de Maxime, que salió y en una acción del partido también se fastidió la articulación y no pudo volver. O David, que se hizo daño a falta de un minuto. De todas formas, eso no afectó para que fallásemos lo tiros o para que Bassas o McFadden nos cojan cuatro rebotes de ataque que nos cuestan nueve puntos. Eso es algo que tenemos que mejorar, sin duda».

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