Fairytale of New York


Era Nochebuena, nena. En el calabozo para los borrachos un viejo me dijo: no veré otra más». Así empieza Fairytale of New York, la mejor canción de Navidad que se haya escrito nunca. Una pareja irlandesa que había llegado a Nueva York cargada de sueños se culpan el uno al otro de su fracaso y decadencia. Una historia alejada de las Navidades Disney que entran por un oído y salen por el bolsillo. Kirsty MacColl llama a Shane MacGowan vago, basura y delincuente (por escoger los adjetivos más suaves que le dedica) y este contraataca acusándola de vieja drogadicta. «Hubiese podido ser alguien», dice él. «Ya, como todo el mundo, responde ella con sarcasmo.

El Estudiantes pudo ser alguien, de hecho lo fue. Ahora está asfixiado por la deuda. El partido comenzó dominado por la defensa de Pressey (0-7), la reacción, también desde la defensa, del Obra (8-7) y los unos contra uno de Kravic, Brodziansky y Avramovic (16-16). Me gusta el olor a prórroga por las mañanas.

Las defensas eran cada vez más duras y tampoco se puede decir que los tiradores tuviesen un buen día. El Estudiantes dominaba el rebote pero estaba enfrentado con el aro (un 28 % en tiro de campo al descanso, un 31 % al final del partido) y el Obradoiro había encontrado a Vladimir Brodziansky (32-24).

El Estudiantes siguió fallando y, triple a triple, el Obra estiró el marcador (53-39 al final del tercer cuarto). Entonces, al principio del último cuarto, el Estudiantes metió tres triples («tengo una buena sensación, nena»), bajó la diferencia a menos de diez puntos y se pegó un tiro en el pie («feliz Navidad y una mierda, ojalá sea la última contigo»). Se soltó Magee, se gustó Kravic, el coro de la Policía de Nueva York cantaba «Galway Bay» y repicaron las campanas en Navidad.

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