Llovet: «No tengo palabras, solo dar las gracias por todo este cariño»

Al pívot le costó contener la emoción en los prolegómenos del encuentro


santiago / la voz

Nacho Llovet ya imaginaba antes de viajar a Compostela que se le pondría la piel de gallina al oír el Miudiño en Sar desde el banquillo del Andorra. Y se quedó corto en la previsión, a tenor de sus propias palabras a la conclusión del encuentro. En los prolegómenos, Rafa Silva, uno de los consejeros del club, le hizo entrega de un obsequio entre los aplausos de una grada puesta en pie. El pívot respondió llevándose la mano al corazón y resopló su emoción mientras de dirigía al corrillo de sus compañeros.

«Fueron momentos muy emotivos -indicó-. Había visto algún recibimiento a algún otro jugador. Pero hasta que no estás aquí no te lo imaginas. No tengo palabras, solo dar las gracias por todo este cariño, que es recíproco. El Obra va a estar siempre en mi corazón».

Fue un partido de sensaciones nuevas para él, porque se repitió la historia más habitual en los duelos entre el Obradoiro y el Andorra en Sar, los que se van a la prórroga o se deciden en el último segundo. Pero esta vez le tocó vivirla desde la otra orilla: «El año pasado creo que también hubo un empate, tiros libres fallados. Entonces estaba en el otro lado. Es dura la derrota porque hemos estado casi 39 minutos delante en el marcador». La achacó, en buena medida, al tramo final de partido del colectivo de Moncho Fernández: «El esfuerzo del Obra a nivel defensivo en el último cuarto nos ha conseguido sacar del campo. Eso y el tema del rebote han sido las dos claves. Felicidades al Obradoiro, porque hizo un partido muy serio, nunca perdió la esperanza y al final se lleva un premio gordo».

Vio un equipo como el de sus tres campañas en Sar: «Al final, las identidades están ahí, con el tiro de tres. Quizás ha habido menos poste bajo que el año pasado, pero ha habido mucho rebote de ataque, un poquito más de pick and roll y, al final, esa bravura de la que siempre habla Moncho, ha estado ahí más que nunca, empujando en cada jugada, en cada rebote. Ahí estuvo la clave».

Jornada de reencuentros

La jornada arrancó con el reencuentro con sus compañeros, entre ellos Pepe Pozas, con quien mantiene una gran relación. Fueron de los primeros en saludarse en el calentamiento. En esa fase ya tuvo la oportunidad de percibir el afecto de los aficionados más madrugadores y, cuando se retiraba a los vestuarios, minutos antes de que comenzase la contienda, se hizo varias fotos con seguidores que se acercaron hasta el túnel de entrada a la caseta.

Tras el partido compartió mesa y mantel con sus camaradas del Obradoiro, pero antes también pudo comprobar que dejó huella entre los más pequeños. Un jovencísimo aficionado, que no llegaba a los siete años de edad, le preguntaba por qué se había cambiado de equipo.

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