Ablaye Sow vuelve a soñar en el Obra

Después de dos fracturas de tibia y tres operaciones busca relanzar su carrera en Sar, desde el filial


santiago / la voz

Ablaye Sow es de la misma quinta que Luka Doncic, del año 99. Fueron los dominadores del Campeonato de España cadete hace cinco años. Entonces el esloveno acaparó casi todas las distinciones, pero hubo una en la que no pudo superar al pívot senegalés, la de máximo reboteador. Sow avistaba entonces un futuro prometedor, y más cuando con solo 16 años Joan Sastre lo reclamó para hacer la pretemporada con el primer equipo del Málaga. Apuraba sus vacaciones con la familia en su país natal, de inmediato cogió un avión y se puso a la orden. En el segundo entrenamiento vio como se fracturaba la tibia. Tras un año de recuperación, volvió a sufrir la misma lesión.

El pasado curso regresó a las canchas, en el filial malagueño, en la EBA, tras dos lesiones y tres operaciones. Acabó la temporada cedido en el COB. Y el Obradoiro, a través de su segundo equipo, lo reclutó este verano.

Los percances le han hecho madurar antes de tiempo, no le ha quedado otra que aprender a manejar el sufrimiento, pero no ha perdido su capacidad de soñar ni las ganas de seguir luchando. «Ojalá todo lo que estoy haciendo tenga recompensa en el futuro y sea un jugador profesional de alto nivel», proclama.

Hace cuatro años las expectativas apuntaban muy arriba. Hace apenas un año eran más los miedos y las dudas. Ahora, cuando se le recuerda que está con el mismo cuadro técnico y en el mismo lugar en el que tomaron impulso jugadores como Salah Mejri, Mike Muscala o Artem Pustovyi , deja escapar un «ojalá sea el próximo» que no es tan expresivo como el gesto de anhelo que se le dibuja en el rostro.

En todo caso, y quizás por todo lo que le ha tocado vivir, prefiere pensar en el presente: «Estar aquí es una oportunidad más. Es un club que me está ayudando, dando lo necesario para crecer como jugador. Tengo que coger esta oportunidad, quererla como si fuera mi corazón y cuidarla muy bien».

Esa fue la razón que le llevó a recalar en Sar, porque tenía otras opciones: «Me dijeron que aquí me iban a cuidar muy bien, que es un club en el que iba a trabajar mucho». Todavía no lleva un mes en Compostela, multiplicando entrenamientos con la primera plantilla y ahora también con el filial. Se muestra convencido de haber acertado con la elección: «Lo que más me gusta es el compañerismo, todo el mundo apoya a todo el mundo. Si fallas, te ayudan. Eso es muy importante. Cada día aprendo. Estoy muy contento».

Siempre le gustó el baloncesto, aunque fue su hermano mayor, que también lo práctico, quien lo animó a centrarse en el deporte de la canasta y aparcar el fútbol. Tanto se centró que las notas escolares empezaron a bajar y su madre lo castigó un año, alejado de las canchas, hasta que mejorase las calificaciones. Así lo hizo. Con 15 años lo reclutó el Unicaja y, a pesar de las dificultades, no se ha venido abajo, sigue peleando por su suerte. «En Senegal no es fácil estudiar, hay mucha diferencia respecto aquí». Su madre también ve ahora el baloncesto con otros ojos «y está muy orgullosa».

No quiere darle vueltas al pasado, tampoco al futuro, prefiere centrarse en el Obradoiro, en volver a disfrutar en la cancha, en progresar, en ese orden.

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