Moncho Fernández, diez años haciendo alquimia en Sar

Es el técnico de la ACB que encadena más temporadas en un mismo banquillo, una más que Laso


Moncho Fernández se apresta a iniciar su décima campaña al frente del Obradoiro. En su primer año logró el ascenso, desde entonces encadena ocho permanencias en la máxima categoría. Ya le da vueltas a la partitura de la que pretende que sea, cuando llegue el mes de mayo, la novena sinfonía del equipo en la ACB, en tránsito hacia la décima.

Ahora es tiempo de volver a conglomerar, de armar un colectivo muy cambiado y renovado. Como cada verano. Y la clave está en la capacidad para experimentar con las fórmulas hasta encontrar la química que permite exprimir el rendimiento colectivo. Es la especialidad del Alquimista de Pontepedriña.

En palabras de otro de los grandes técnicos gallegos, Diego Ocampo, Moncho Fernández y sus ayudantes son expertos en «diseñar trajes a medida para sus jugadores, tanto en ataque como en defensa».

No hay más que echar la vista atrás. El Obra de Muscala y Oriol hacía mucho daño en la pintura. El de la pasada temporada fue el de los tiradores de larga distancia. El que logró la clasificación para el play off catapultó a Salah Mejri hacia el Real Madrid y a Hummel hasta la NBA, tras un curso en el que los dos ofrecieron su mejor versión. Así se podría alargar la retrospectiva, trayecto a trayecto, cada uno con sus singularidades. Todos distintos, pero reconocibles.

Es probable que los jugadores que se van a estrenar en el equipo en apenas diez días escuchen en una de las primeras reuniones del vestuario, por boca del entrenador, una frase que a la mayoría les queda marcada con el paso del tiempo: «Obradoiro es un sitio en el que se viene a trabajar». Ese juego de palabras es siempre un punto de partida que se va cargando de significado.

Inglés, tacos gallegos y filosofía

A medida que vayan avanzando en el calendario se irán familiarizando con otras frases que podrían configurar el catecismo del Alquimista de Pontepedriña: «Si no mejoras empeoras»; «El baloncesto es la cosa más importante de las cosas menos importantes»; «La defensa es más fácil de aprender que el ataque»; «Los mejores equipos los hacen las grandes personas»; «No podemos fallar en todo aquello que no depende de tener un buen o un mal día»; «El exceso de análisis puede producir parálisis».

También habrá quién les explique que no deben asustarse cuando los llame a capítulo en inglés y concluya con algún taco en gallego del que desconocerán el significado pero al que probablemente cogerán el sentido.

La filosofía está muy clara y se podría resumir en una de las frases de Moncho Fernández en los tiempos muertos que acaban cogiendo celebridad. Remite al partido de play off ante el Real Madrid, con todo ya decidido, en aquella ocasión sin apenas tacos: «We loose like Obradoiro team, fighting every fucking second. Till the end. Nobody give up. No easy baskets». En inglés, román paladino: «Perdemos como el equipo que es el Obradoiro, luchando cada jodido segundo. Hasta el final. Nadie se rinde. Nada de canastas fáciles». Porque la dignidad no es una cuestión de presupuesto.

Eso es algo que no ha cambiado a lo largo de esta década. Y es la base en la que se asienta la trayectoria del entrenador de la ACB que suma actualmente más temporadas consecutivas en un mismo banquillo: ocho, las mismas que Pablo Laso. Pero el Alquimista de Pontepedriña totaliza una más, la del ascenso. Va a por la décima.

Baloncesto cerebral y pasional

Diez años de Moncho el Alquimista en Sar, de un Obradoiro del que los rivales destacan la particular manera de interpretar el baloncesto, un baloncesto cuántico que intenta ir un paso por delante del rival, con mucha movilidad de los jugadores, muchos bloqueos indirectos, muchos pases. Cerebral y pasional. Como el entrenador.

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