El milagro del deporte profesional en Compostela


Ninguna ciudad de menos de 100.000 habitantes, excepto Santiago de Compostela, puede decir que ha disfrutado en algún momento de fútbol en Primera División, partidos de la Liga Nacional de Fútbol Sala (con una Copa de España) y baloncesto de la ACB.

En los noventa el Compos llegó a la élite en el mejor momento, cuando se dispararon los ingresos por televisión. Fue cayendo a la par que se descuadraban sus finanzas. Cogió el testigo el fútbol sala, que vivió una época dorada al abrigo del mecenazgo de José Antonio Lobelle. De nuevo, las cosas se torcieron a la par que cobraron protagonismo los números rojos.

En la última década el protagonismo en la élite es para el Obradoiro. Y, como sucedió con el Compos y con el Lobelle, ahora Santiago Futsal, cabe decir que el deporte profesional, también el de la canasta, es un milagro en Compostela. Pero hay un hecho diferencial, hasta la fecha, respecto a los proyectos del Compos y el futsal. El club está cerrando sus presupuestos con superávit. El equipo va cumpliendo con el título de la permanencia. Y la afición también se involucra con su apoyo.

Una vez más, cabe recordar que el consejo de administración del Obradoiro puede presumir de macrogestión, porque no es nada fácil sostener un presupuesto de unos tres millones de euros haciendo frente a todas las obligaciones económicas. El de la microgestión es otro debate.

La parte deportiva también tiene un mérito indudable. Son ocho permanencias seguidas. Sin olvidar la de esta campaña, a pesar de las últimas nueve derrotas consecutivas. Pero es el mismo equipo que ganó diez partidos en las primeras 21 jornadas. Y al final lo que cuenta es la suma de las 34.

Y es igualmente meritorio el papel de la afición, la que más aporta, en porcentaje, al presupuesto del club. La que volvió a dar otro ejemplo al reconocer el valor de la permanencia por encima de esas nueve derrotas. Es de un valor incalculable.

El milagro del Obradoiro depende de que dirigentes, equipo y afición sigan sintonizando el mismo dial, aprobando cada uno en su parcela, sabiendo que Sar es como esos irreductibles galos que defendían su aldea y acababan disfrutando de las victorias entre jabalíes.

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