Agujero negro en O Fiouco


El hombre sin rostro estaba frente a mí. -He venido para que me hagas un retrato- dijo. Intenté bosquejar su cara. No sabía por dónde empezar, ni como seguir luego». Entrar en una novela de Murakami es como cruzar el Alto do Fiouco, sus personajes están tan bien definidos como difuminados. Lo comentaba esta tarde con Bernardo y Marcelo, si pidiésemos a Fruqui que hiciese una foto del estado del equipo, no sabría por dónde empezar ni por dónde seguir luego.

Andorra persiguió a Kostas con Albicy y Rafa Luz y defendió a Sàbat con un alero. También lo hizo Fuenlabrada. Tapado el tiro exterior, buscamos a Brodziansky pero, entre que arrastra problemas físicos, lo defienden mejor y tiene menos espacios su efectividad está muy lejos de ser la de la primera vuelta. El ataque terminó dependiendo de los arreones de Singler, De Zeeuw y Navarro. En defensa las cosas no van mejor, cada mal ataque nos cuesta un contraataque y tenemos mucha dificultad para defender situaciones de uno contra uno. Lo sufrimos contra Joventut, Zaragoza y Fuenlabrada. Andorra castigó con un triple cada ayuda lateral, excesivamente largas. Y luego está esa espiral autodestructiva. Fallamos tiros libres; defendemos mal y nos meten dos puntos, defendemos bien y nos meten un triple desde el medio del campo. Sin ser una preciosidad, a principio de la segunda vuelta éramos un equipo resultón, ahora hacemos un mate y nos rompen la nariz.

-Hay niebla en O Fiouco- informé a mis compañeros de bar. -Ya, algo huele a podrido en el Estado de Dinamarca- me respondió Marcelo. Su personaje no tiene muchas frases pero hay que ver qué cosas dice. ¡Recibido! ¡Gracias! Recibido.

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