Sar reprueba a Carles Durán y Perea

El entrenador visitante y el árbitro concitaron las iras de una afición que despidió al equipo con aplausos


santiago / la voz

Nunca un entrenador se había llevado una pitada de Sar antes de que se pusiese el balón en juego. Hasta este sábado. Ha pasado un año desde que el técnico verdinegro cargase las tintas contra Nacho Llovet en el Olímpic de Badalona, la cancha en la que creció. Entonces lo acusó de «hacer floping en todos los partidos» y habló de «vergüenza». Esas palabras quedaron grabadas en la memoria del obradoirismo. Y en su primera visita al Multiusos, Carles Durán lo comprobó de primera mano.

No hay constancia de que se desdijese públicamente sobre el particular. Y tampoco fue muy explícito tras el partido, si bien esta vez colmó de elogios al pívot a quien había repudiado, y con quien tardó entonces varios días en contactar: «Rectificar no puedo, porque ya lo dije. Nacho sabe lo que pienso, porque hablé con él personalmente. Lo que sí creo es que yo me equivoqué en alguna cosa. Nacho lleva 250 partidos en la ACB. Significa que lo hace bien. Le deseo y espero lo mejor. Me gustaría que vuelva al Joventut, lo más rápido posible». Y añadió un «no puedo volver atrás».

También se mostró conciliador con la grada: «No tengo que comentar nada sobre el público del Obradoiro. Solo faltaría que tuviese que opinar». Incluso fue más allá, al tildarlo de «espectacular» y apuntar que «en algunos momentos da envidia».

Y si en los compases previos las muestras de reprobación se centraron en Carles Durán, en la segunda parte del encuentro tomó el relevo uno de los árbitros, Óscar Perea, que encendió los ánimos de la grada como hacía tiempo que no se veía. Hubo dos acciones especialmente cuestionadas. En una, no dio por válido un triple de Obst por una falta en ataque. La otra, también se la pitó en ataque a Albert Sàbat, cuando es Laprovittola el que viene desde atrás y se trastabilla.

Y fue también el árbitro que le pitó técnica a Llovet, después de cobrarle personal en ataque y reclamar el pívot del Obradoiro que era Todorovic el que lo agarraba por la cintura. Incluso se jugó la segunda técnica, en la protesta.

Y tampoco la vio Moncho Fernández. Cuando se le preguntó si la había visto cerca en algún momento, el Alquimista de Pontepedriña comentó: «Sí, bueno, si me la hubieran pitado hubieran acertado. Es de valorar que los árbitros sepan entender los momentos de los partidos . Valoro más los que son dialogantes».

Al ser interrogado respecto a si Perea lo había sacado de quicio, exoneró al árbitro: «Me desespera la acción, no él. Como el otro día, cuando Pepe se lleva un guantazo en una antideportiva y no se pita. Mis desesperaciones duran cinco segundos».

Fue más allá, al recalcar que la derrota no era achacable a las decisiones arbitrales. «No fueron ellos los que decidieron el partido», apostilló.

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