«Que siga muchos años la fiesta»

Tonecho, Caldas y Tito Díaz, veteranos del Obra y el Breo, le dan vueltas al derbi


santiago / la voz

Tonecho Lorenzo y José Caldas coincidieron en el Obradoiro de los setenta. Tito Díaz completó con el Breogán el recorrido desde Tercera hasta la máxima categoría del baloncesto en los ochenta. Y si para algo ha servido la rivalidad deportiva es para estrechar lazos y cultivar una buena relación que se mantiene a lo largo del tiempo. El sábado, antes del derbi, se reunirán una treintena de exjugadores de ambos clubes para recordar vivencias antes de disfrutar conjuntamente del partido.

Tonecho y Caldas disputaron el primer derbi entre el Obradoiro y el Breogán en el año 74, en el Gimnasio Universitario. Tito Díaz, el que más recuerda es uno «en O Barco, en una final de la Copa Galicia, en diciembre». Todavía no se explica cómo consiguieron llegar los dos equipos al pabellón, en medio de una nevada de época.

Los de esta temporada son los primeros enfrentamientos entre ambos contendientes en la ACB, porque hasta este curso nunca habían coincidido en la cima del baloncesto. Las mejores épocas del Obradoiro coincidieron con etapas grises del Breogán, y viceversa.

Un deseo y un lamento

Quizás por eso los tres comienzan las conversación con un deseo y un lamento nostálgico. Firmarían en blanco por que el derbi se convierta en un clásico de la ACB, y si se sumase algún equipo gallego más, lo celebrarían. «Que siga muchos años la fiesta», proclaman. Lo que echan de menos es una mayor presencia de jugadores de casa en los equipos. Lo compensan, en palabras de Tito Díaz, «tres entrenadores de la misma ciudad en el Obra, y otro gallego en el Breo».

A ellos, como recuerdan Caldas y Tonecho, les tocó vivir una época «en la que había muchos jugadores del Breogán que estudiaban en Santiago». «Nos conocíamos todos -añaden-. La convivencia era cojonuda». «Una vez jugamos un amistoso -rememora Tonecho- y después quedamos todos para tomar un churrasco. No pude ir porque Armando Pérez tuvo una lesión en el tendón de Aquiles y lo acompañamos Mato y yo en ambulancia. Cuando llegué, a las doce de la noche, ya no quedaba nada».

De aquellas alineaciones que la afición recitaba de memoria se ha pasado a una época mucho más cambiante y con mayor mezcla de nacionalidades. «Cosas de la globalización y la Ley Bosman -explica Tito Díaz-. Pero ojo, eso no quiere decir que los jugadores que vienen de fuera tengan menos compromiso».

Han cambiado mucho los tiempos. Tanto como una anécdota que sacan a colación los dos exjugadores del Obradoiro, que probablemente hoy sería impensable: «Larry Gibson, que era un tío de lo más tranquilo, un día acorraló al presidente contra la pared y le puso la cara entre las cuatro patas de una silla». Fue una manera de protestar por los problemas de cobro.

De esa buena relación que no se ha perdido con el paso de los años da fe la vuelta a las canchas de Tito Díaz en su día, dos años después de retirarse. «Entrenaba al Portas -explica Tonecho Lorenzo-, estábamos para jugar la fase de ascenso y quería un tipo listo para el timón...». «Me llamó Ton y...». Y se sonríen recordándolo.

Y ni a uno ni a otros les duelen prendas a la hora de poner en valor detalles del club rival. «El Obra es un espejo ahora mismo -reflexiona Tito Díaz-, un club bien estructurado. Lleva años manteniéndose con un presupuesto bajo y con muchos cambios en la plantilla».

A Caldas siempre le ha llamado la atención «el ambiente de baloncesto en Lugo». Y así, podrían estar hablando horas.

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