La fuerza de un vestuario


Esta es la octava temporada consecutiva en la ACB para el Obradoiro, siempre con uno de los tres presupuestos más bajos de la categoría. Con el tiempo, la trayectoria irá cobrando más valor. Y, cuando se busquen los argumentos que la sustentan, habrá uno que no aparece en las estadísticas pero que probablemente suma más que ningún otro: la fuerza de un vestuario, con sus valores.

Un episodio aislado puede ser más indicativo que cualquier reflexión al respecto. Sucedió días atrás, cuando el plantel recibió una de esas noticias que duelen especialmente. Rafael García, un joven base andaluz de la cantera, sufrió una rotura de ligamento cruzado en verano. Recién restablecido, apenas tuvo tiempo de paladear la reaparición porque sufrió el mismo percance, pero en la otra articulación.

Es un jugador que ya había entrenado en más de una ocasión con la primera plantilla. Y estaba llamado a participar en más sesiones hasta final de temporada.

Desde el vestuario le llegaron todo tipo de gestos de cariño, afecto y ánimo. Pero no se quedaron ahí. Al día siguiente, Rafael García debía asistir a un examen en A Coruña. Y el capitán, Pepe Pozas, aprovechando que tenía libre esa mañana, lo llevó en coche, lo esperó y lo trajo de vuelta. Así también se ganan partidos, cuando la fuerza está en el colectivo, en saber que el grupo siempre está ahí.

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