Chete Pazo: «En Santiago el baloncesto lleva al Obra, en Lugo el Breo lleva al básquet»

Trabajó en los dos clubes, los conoce a fondo y el sábado vivirá el derbi con el corazón dividido


Chete Pazo, compostelano de nacimiento y lucense de adopción, fue jugador del Obradoiro, entrenador ayudante en el Breogán con Andreu Casadevall, Paco García y Josep María Izquierdo, director deportivo en los dos clubes y también agente de jugadores. Tras el ascenso del Obra a la ACB recuperó una decisión que tenía en modo de espera, la de aparcar el baloncesto y centrarse en la docencia. Ahora disfruta del deporte desde la grada. De cara al partido del sábado, es el único que, como Pío Cabanillas en su día, puede decir: «Ganaremos, no sabemos quienes, pero ganaremos».

-La primera es tan previsible que mejor despacharla ya. ¿A quién quiere más, a papá o a mamá?

-A los dos igual.

-Previsible.

-Es la verdad. Estuve en otros clubes, profesionales y no profesionales. Pero el Obradoiro y el Breogán son mamá y papá por muchas razones. Viviendo en los Concheiros, era de los que iba por las Brañas de Sar al viejo pabellón a ver al equipo. Ricardo Aldrey era vecino de calle. Mis inicios como aficionado son con el Obra de Aldrey, Juane, Abalde, Lete, Wallace, Bill Collins... El Breogán es mi primer club como entrenador, en una edad en la que empiezas a madurar y a conocer el baloncesto profesional. Formo mi familia en Lugo. Mis dos hijas son breoganistas hasta la médula. Las dos, mi mujer y yo somos abonados. Mis padres, mi hermano, su mujer y mis sobrinos son abonados y asiduos del Obradoiro. Y cuando me coincide estar en Santiago, voy a Sar, canto el Miudiño y animo como uno más.

-Su primera decisión en su última etapa en el mundo del baloncesto fue la contratación de Moncho Fernández. ¿Se siente arquitecto de este Obradoiro?

-Arquitecto, no. Pero me hace muy feliz que sigan Víctor, Gonzalo, Tomás, Fran Grela, Moncho, Montse... La única pieza que se ha cambiado fue Óscar, por una cuestión personal de su trabajo.

-Pregunta para el Chete que conoce bien las orillas del Miño y el Sar. Son dos ciudades de baloncesto, pero, ¿muy distintas?

-Totalmente distintas. No tienen nada que ver. Son dos plazas de baloncesto diferentes. No tienen nada que ver una estructura de club y la otra, una afición y la otra, siendo las dos muy potentes, de las más potentes. Las cunas son totalmente distintas.

-Y ahí arrancan las diferencias.

-La afición del Obradoiro nace de un germen baloncestístico de ciudad. Vas por el Multiusos y te encuentras caras conocidas que han tenido relación con el baloncesto en Santiago de finales de los setenta, y sobre todo de los ochenta y los noventa, hasta hoy. De Pío, de Cluny, de La Salle, de Peleteiro, de Compañía... Había dieciocho equipos cadetes, veinte en liga nacional... En Sar se percibe ese ambiente de gente que ha tenido mucho contacto con el baloncesto y que se han hecho obradoiristas porque les une el baloncesto.

-¿Y en el Breogán?

-En el Breogán, en mi opinión hay diferencias entre los aficionados de cuna y los de incorporación más tardía. Pero, en general, hay mucho breoganista que no está unido por el baloncesto sino por la tradición de ser del Breogán. En Santiago el baloncesto lleva al Obra, en Lugo el Breo lleva al básquet. En Santiago no todos habían pasado por el Obradoiro, pero sí habían vivido el baloncesto. Los Docobo, Mato, Laíño, etcétera persiguieron que el equipo llegase a ACB. Y, cuando llega, todo ese germen sale.

-Y eso se traslada a la idiosincrasia de Sar y O Pazo.

-En el primer partido de play off contra Cáceres, el equipo perdía en el descanso y el pabellón de Sar apretó como si no hubiese un mañana. Eso, el Obradoiro lo tiene. Es keep going, keep going, seguimos y seguimos y animamos, vamos a seguir luchando por esto porque queremos que vaya a más pero, sobre todo, porque no queremos que se pierda. En Lugo ese estatus ya lo tienen. Esta temporada el ambiente está siendo un poco diferente. Allí el vamos vamos no basta. También valoran el esfuerzo. Pero si el equipo no responde a las expectativas de la grada, es muy fácil que se empiecen a oír silbidos.

-Pregunta ahora para el Chete entrenador. Si estuviera en el banquillo del Breogán, ¿qué le preocuparía del partido del sábado?

-Primero, la cantidad de opciones que tiene el Obradoiro para castigar y generar desde la línea de tres puntos. Segundo, la propuesta táctica del entrenador. Aún es pronto para un equipo de Moncho, pero el rigor táctico, las opciones, los detalles, los ángulos de bloqueo... Ahí hay mucho trabajo. Y en tercer lugar, el planteamiento defensivo para tratar de parar el ataque del Breogán.

-¿Y al revés?

-Primero, cómo contrarrestar la cantidad de opciones ofensivas generadas por la calidad individual de los jugadores, ante un planteamiento mucho más estructurado. En segundo lugar, me plantearía qué ritmo de juego me interesaría y trataría de ir a pocas posesiones y no dejarles que desarrollen todo su bagaje táctico. Y en tercer lugar, cómo conseguir estar en números de puntos encajados por debajo de ochenta, u ochenta y pocos, no en noventa y pico de media de ahora.

-¿El factor ambiental puede decantar la balanza?

-En este primer partido, el Pazo puede ser determinante. Y no estoy muy seguro si para bien o para mal, tanto de unos como de otros. Es un partido de mucha tensión en el Pazo, especialmente para la afición más joven. Lo que es seguro es que van a animar lo que no está en los escritos.

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