El Obra de Moncho, el Madrid de Laso

Baloncesto Son los técnicos de la Liga Endesa que llevan más tiempo al frente de sus equipos


santiago / la voz

Cuando Moncho Fernández tomó las riendas del Obradoiro, en el verano de 2010, fichó para llevar el timón a Andrés Rodríguez, un base a la antigua usanza, buen defensor y gran director de juego. Un año más tarde, Pablo Laso recaló en el banquillo del Real Madrid. Entregó el volante a un Sergio Rodríguez al que se le apagaba la magia y apostó por Sergio Llull en el puesto de uno, cuando venía de desenvolverse más como escolta. Son dos indicadores con mucho significado en el baloncesto que proponen

Esta es la novena campaña del Alquimista de Pontepedriña en el banquillo de Sar y la octava del técnico vitoriano con los merengues. Tras la marcha de Joan Peñarroya al Manresa, son los dos entrenadores de la Liga Endesa que llevan, de largo, más tiempo ininterrumpido en el mismo destino. Uno, consiguiendo el título de la permanencia año tras año con uno de los tres presupuestos más bajos de la categoría. El otro, con dieciséis trofeos conquistados. Solo Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz están por delante en número de conquistas en la casa blanca.

Ya es incuestionable que el Obradoiro de esta década está asociado al apellido Fernández, y el Real Madrid al de Laso. Y, con el tiempo, más se hablará de esos dos binomios. Llevan ocho cursos seguidos enfrentándose en la ACB.

En la presentación de El Camino acaba en Obradoiro, Asa Petrovic recordaba que cada vez que se cruzaban con el Madrid de Corbalán, había una consigna innegociable de Miko Novosel: «No dejéis campo abierto a Corbalán». Con Laso, esa vuelve a ser una seña de identidad del Madrid. Igual que la vocación ofensiva. «Prefiero ganar un cuarto 38-31 que 18-11, jugamos para la gente», decía en la jornada inaugural de la Euroliga.

La diferencia de presupuestos condiciona la manera de trabajar. Lo sabe bien Laso, que antes dirigió al GBC. «En San Sebastián tenía otros objetivos, otro presupuesto y tenía que jugar de otra manera. Cuando tuve una lesión aquí me trajeron a Ibaka. Y en San Sebastián tenía que reconducir a los que tenía», comentaba en una entrevista en Jot Down.

A Moncho Fernández, hasta el momento, le ha tocado administrar la modestia. Y quizás se expliquen por ese flanco las diferencias entre el baloncesto cuántico del Alquimista y el juego al ataque que caracteriza a un Real Madrid que más de una vez se va por encima de los cien puntos.

Por ahí asoma también uno de los grandes atractivos del partido de mañana. El Obradoiro trata de conseguir que sea su defensa la que condicione el ataque del rival. Y llega un equipo que, a menudo, gana porque imprime un ritmo de anotación imposible de seguir por el adversario.

Similitudes

Por muchas que sean las diferencias, también hay similitudes. Cada año transmiten ilusión para el nuevo curso, como si no acusaran el desgaste. Uno suele decir que «si no mejoras, empeores» y el otro «si te conformas, te comen».

Los dos son sumamente tranquilos fuera de la cancha, pero en el banquillo han soltado alguna que otra bronca que se ha hecho célebre. La que más, en el caso de Moncho Fernández, la del «do the fucking rules. Cinco es cinco y pecho cuatro es pecho cuatro. Looking for the switch», al tiempo que golpeaba la pizarra contra su rodilla y se le descomponía el flequillo, en un partido ante el Estudiantes. Una de las más conocidas de Laso fue ante el Baskonia, tras empezar encajando un parcial 8-0. La diferencia está en la vehemencia: «Cuatro de carrera y cuatro de rebote ofensivo, 8-0 -hace un silencio de diez segundos-. Y otra porque la han perdido solos. ¿Qué os creéis, que vais a jugar sin pegaros contra estos, que van como aviones?».

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