El incansable aprendiz Brodziansky

El pívot eslovaco repite una y otra vez su deseo de mejorar día a día y por falta de horas en el empeño no va a quedar

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Vladimir Brodziansky terminó de convencer al cuadro técnico del Obradoiro en la Liga de Verano de Las Vegas. Moncho Fernández y José Luis Mateo vieron allí a un pívot joven con mucho trabajo por hacer pero también con un notable potencial y con ganas de progresar. Es un jugador que tiene algo distinto, como su tiro, que guarda cierto parecido con el de Larry Bird. «Ojalá pueda lanzar algún día tan bien como él», proclama.

El pívot eslovaco firmó por dos años y en los primeros partidos de pretemporada ha dejado entrever esa mezcla de bisoñez y afán de mejora. Lleva un mes en Compostela y se confiesa feliz con su «primera experiencia en el baloncesto profesional».

Al echar la vista atrás en este corto espacio de tiempo, todas las palabras que le vienen a la cabeza son positivas: «La ciudad es fantástica, mis compañeros geniales, los entrenadores increíbles. Todo el mundo me trata muy bien para facilitar la adaptación. Estoy aprendiendo mucho».

En ese proceso de adaptación ayuda el año que pasó en la cantera del Tenerife antes de adentrarse en el baloncesto universitario americano. Costumbres como la siesta no le resultan extrañas, pero aún le cuesta ajustar horario: «Se come más tarde, se cena más tarde, todo está abierto más tarde de las ocho... Tengo que hacerme a eso».

Brodziansky no necesitó darle demasiadas vueltas a la opción de fichar por el Obradoiro. Tenía más alternativas sobre la mesa, pero por el tirón de la ACB, la información recabada acerca del equipo de parte del entrenador con el que coincidió en el C.B. Canarias y, de mutuo acuerdo con su agente, decidió.

Aprender es la palabra que más repite en su discurso: «Quiero jugar fuerte, aprender mucho y hacerme un sitio en la ACB, que es una gran liga. Tengo mucho que aprender y quiero ser mejor cada día».

Brodziansky lleva trazas de sumarse a esa relación de jugadores que tan bien encajan en el baloncesto de Moncho Fernández, a medio camino del cuatro y del cinco. Mezcla con cualquiera de sus compañeros de demarcación. Puede jugar al lado de Hlinason, más alejado del aro, o formar tándem con Maxime de Zeeuw, Llovet o Spires y desenvolverse más cerca de la canasta. No se decanta por un perfil: «Todos nos complementamos bien, somos jugadores distintos y, dependiendo de los partidos y el compañero, puedo jugar en una posición o en otra».

Copa Galicia y Supercopa

El domingo aparece en el calendario la semifinal de la Copa Galicia frente al COB Ourense. Y hoy el Obradoiro sabrá cuál es su rival en la Supercopa, el Real Madrid o el Barcelona. Completa el cartel el Baskonia. Acepta el paralelismo de estos tres equipos con los Warriors, los Cavaliers y los Rockets, si se trasladase a la NBA. Pero no se atreve a buscar un referente para el Obradoiro.

Brodziansky avanza que la Supercopa será un test indicativo del nivel con el que llegará el Obra al comienzo de la Liga Endesa. Y, a título particular, enfrentarse al Barça o al Real Madrid en una de las semifinales será «una experiencia enorme» con la que soñaba cuando estaba en la cantera canaria.

En este primer mes en Compostela el pívot eslovaco justifica ese perfil de aprendiz incansable, siempre dispuesto a echarle horas, ya sea antes de las sesiones de trabajo, para ejercitar el tiro, o a la conclusión, bien para pulir detalles en el vídeo con Víctor Pérez o bien para complementar la jornada con ejercicios específicos.

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