Hlinason subraya la polivalencia del juego interior del Obradoiro

El club confía en la adaptación y progresión del jugador más joven del equipo


Tryggvi Hlinason es un nuevo desafío para el Monbus Obradoiro, la apuesta de esta temporada para el cinco. La anterior captación, Artem Pustovyi, salió redonda. Tanto que el pívot recaló en el Barcelona este verano, después de tres años en Sar. Con el islandés el reto es todavía mayor. Llega cedido por el Valencia y solo hay un año por delante para que se convierta en la referencia más interior del colectivo de Moncho Fernández. El éxito dependerá de la progresión geométrica que se le adivina a este jugador de veinte años, el más joven de la plantilla.

Víctor Pérez, encargado del trabajo con los pívots, explica los contras y los pros de la tarea que se avecina. Por una parte, recuerda que «Tryggvi tiene veinte años y lleva muy poco tiempo jugando al baloncesto. A nivel profesional, hay que remitirse a la pasada campaña en el Valencia y a su participación en el Campeonato de Europa sub 20. Es un jugador por hacer, con mucho margen de mejora». Por otro lado, detalla los puntos a favor: «Tiene un físico privilegiado, es un 2,16 corpulento y rápido, inteligente. Aprende muy rápido». Pone el acento en lo mucho que ha cambiado «desde el sub 20, en el que era poco menos que un pívot grande hundido en la zona», hasta la actualidad, pues ya domina muchas facetas del juego. A todo ello le suma una «gran capacidad de trabajo».

José Luis Mateo, director general del club, resumió en el acto de presentación del pívot las razones que aconsejaron su incorporación, a pesar de que el Obradoiro no es muy proclive a «tener jugadores en calidad de cedidos». «Estamos convencidos de que ha elegido el sitio adecuado ?añadió?. Lo hemos traído porque pensamos que desde pronto nos puede ayudar. Nos puede ayudar con su tamaño, con su coordinación, con su capacidad de repetir esfuerzos, con el uso de las dos manos. Para eso tiene que trabajar duro y estar concentrado todos los días».

Y Hlinason también está convencido de que acertó al optar por el Obradoiro, una decisión que tomaron conjuntamente él y su agente Quique Villalobos, a la vista de cómo viene trabajando la entidad de Sar a lo largo de las últimas temporadas.

También el Valencia, club que tiene sus derechos, vio bien la opción compostelana. Le advirtieron de que iba a recalar «en un equipo que siempre sorprende» .

De momento, todo lo que ha podido ver en sus dos primeras semanas en la capital gallega es positivo, ya sea en el club o en la ciudad. Lo que percibe es «mucho corazón y unidad» alrededor del Obradoiro, un club «muy cercano y al mismo tiempo muy profesional».

En lo que se refiere al juego interior, llama la atención sobre la versatilidad de los jugadores y las combinaciones que puede conformar Moncho Fernández: «Cualquiera puede jugar con cualquiera. Yo soy el más interior y fuerte. Otros son tiradores. Otros pueden atacar la canasta. Hay diferentes soluciones». «Soy muy grande. Tengo que trabajar en el rebote. En defensa puedo ser un muro cerca de la canasta. En ataque soy más de correr. Los mates son muy importantes. Y los tapones», apostilla.

Se confiesa con muchas ganas de que empiece ya la competición y de disputar la Supercopa ante su nueva afición.

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