El Obradoiro recluta fusileros

El equipo de Moncho Fernández refuerza su apuesta por el triple con especialistas en todos los puestos

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santiago / la voz

Desde que Moncho Fernández tomase las riendas del Obradoiro en el verano de 2010 hay una seña de identidad común a cada uno de los proyectos que ha tenido que armar. Sus equipos se significan por una notable actividad defensiva. Parten de una máxima: que ese trabajo de contención sea el que condiciona el ataque del adversario, y no al revés.

Pero si se pone el foco en la vanguardia, hay una diferencia sustancial en el colectivo del pasado curso y el que está tomando cuerpo para la nueva temporada respecto a campañas anteriores: la clara apuesta por el tiro de tres, todavía más firme en el nuevo proyecto. Salvo Hlinason, todos los jugadores tienen mano para probar fortuna desde detrás de la línea de 6,75 metros.

Llovet no es de los que más se prodiga, pero si le dejan espacio no duda en armar el tiro. Spires jugaba más alejado del aro en su etapa en la cantera del Barcelona. Tiene más lanzamiento de larga distancia del que se pudo ver en su primer año en Sar.

A partir de ahí, todos los jugadores son una amenaza. Maxime de Zeeuw firmó la pasada campaña un porcentaje de acierto superior al 40 %, con más de tres ensayos por partido. Brodzianski mide más sus tiros. Pero acredita un 34 %. La versatilidad, su capacidad para jugar cerca o lejos del aro, es un valor añadido.

Aleros con buena mano

Pero es en el perímetro donde se concentran los fusileros. Todos los aleros son especialistas, incluyendo a Simons, llamado a jugar en la demarcación de tres.

Kendall Stephens probaba en la Universidad de Nevada una media de casi ocho ensayos desde más lejos de 6, 75 metros. Y Andreas Obst, más de seis. Previsiblemente, bajarán algo esas cifras absolutas, ya que en sus equipos de procedencia estaban mucho tiempo en cancha y Moncho Fernández suele repartir más los minutos. Pero son jugadores que no dudan en cuanto ven línea de tiro. Lo mismo sucede con Kostas Vasileiadis, sobradamente conocido por la afición. David Navarro es el más remiso a la hora de percutir, si bien suele seleccionar bien.

En el baloncesto cuántico de Moncho Fernández el primer mandamiento de los bases es dirigir y hacer jugar al equipo. Pero ello no es óbice para que Pepe Pozas, y en mayor medida Albert Sàbat, se sumen el pelotón de fusileros, cada año más numeroso y con más especialistas.

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