Deporte profesional


Es fácil entender al Obradoiro y a Corbacho. Es deporte profesional. El club no hace sino ejecutar una cláusula del contrato, del mismo modo que el jugador prefirió hace tres años la oferta del Baskonia para jugar en Euroliga a la renovación que le proponían en Sar. De igual manera que Thomas va a pagar la cantidad que le permite ser dueño de su futuro, porque así lo estipula el acuerdo al que llegó en su día con la entidad. Y no es difícil comprender que al 33 no le hiciese gracia que le planteasen una rebaja en su escala salarial.

Cuesta más entender que el jugador no esperase, al menos, a conocer la nueva propuesta. Porque siempre conviene escuchar. Porque las dos partes parecían condenadas a entenderse, porque los triples de Alberto Corbacho, del 33, siempre han sido distintos, por su conexión con la afición, por la manera en la que tantas veces ha levantado a la gente de sus asientos. Por tantos porqués.

Todo apuntaba a que las dos partes siempre acabarían encontrando un punto de equilibrio para conciliar números, cotizaciones, expectativas y emociones. Pero no ha sido así.

A partir de ahora, el Obradoiro tendrá que acostumbrarse a continuar sin uno de sus grandes referentes y Corbacho a buscar un nuevo destino lejos del club en el que ofreció el mejor rendimiento de su carrera.

Suena raro, más allá de debates estadísticos, tácticos, técnicos y emocionales. Es deporte profesional.

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