Apuntes sobre la cantera del Obra

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa EL PERISCOPIO

ANDAR MIUDIÑO

SANDRA ALONSO

17 abr 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Por primera vez el Obradoiro Peleteiro estará en la fase final del Campeonato de España Júnior, con todo merecimiento, en una temporada en la que buena parte de sus integrantes simultanean la competición autonómica con el equipo de EBA. Le ha costado tres años dar ese paso para codearse con los mejores equipos en la lucha por el título y es un buen espaldarazo para la cantera del club.

Pero la salud de esa cantera no se va a medir por la presencia en fases finales nacionales. Los indicadores más fiables son otros, como el número de horas de entrenamiento, la calidad de las sesiones, la posibilidad de hacer trabajo específico con los jugadores a quienes se les adivina mayor proyección o la atención a la actividad académica, porque baloncesto y estudios de la mano siempre mezclan mejor que si chocan. Son aspectos que tienen mucho que ver con la disponibilidad de medios, el presupuesto y cómo se gestiona. Por ese flanco se acabará viendo con el tiempo si la política de cantera enraíza o se queda en la superficie, en la cosmética.

Y también hay una parte que tiene que ver con la buena imagen, que entraña su dificultad. Porque, cuando al Obradoiro pone sus ojos en algún jugador de otro club, es entendible que la entidad de origen se pueda molestar ante la posibilidad de perder a un baluarte. Cuesta más entender que ese malestar sea menor si el interés llega desde otro equipo de la ACB. En todo caso, suele ser recomendable hablar primero con el club y después con el jugador y su familia. Por ese orden, porque a diferencia de la multiplicación, el intercambio de los factores afecta al resultado. Y nunca está de más cuidar las relaciones con la vecindad.