Apuntes sobre la cantera del Obra

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Por primera vez el Obradoiro Peleteiro estará en la fase final del Campeonato de España Júnior, con todo merecimiento, en una temporada en la que buena parte de sus integrantes simultanean la competición autonómica con el equipo de EBA. Le ha costado tres años dar ese paso para codearse con los mejores equipos en la lucha por el título y es un buen espaldarazo para la cantera del club.

Pero la salud de esa cantera no se va a medir por la presencia en fases finales nacionales. Los indicadores más fiables son otros, como el número de horas de entrenamiento, la calidad de las sesiones, la posibilidad de hacer trabajo específico con los jugadores a quienes se les adivina mayor proyección o la atención a la actividad académica, porque baloncesto y estudios de la mano siempre mezclan mejor que si chocan. Son aspectos que tienen mucho que ver con la disponibilidad de medios, el presupuesto y cómo se gestiona. Por ese flanco se acabará viendo con el tiempo si la política de cantera enraíza o se queda en la superficie, en la cosmética.

Y también hay una parte que tiene que ver con la buena imagen, que entraña su dificultad. Porque, cuando al Obradoiro pone sus ojos en algún jugador de otro club, es entendible que la entidad de origen se pueda molestar ante la posibilidad de perder a un baluarte. Cuesta más entender que ese malestar sea menor si el interés llega desde otro equipo de la ACB. En todo caso, suele ser recomendable hablar primero con el club y después con el jugador y su familia. Por ese orden, porque a diferencia de la multiplicación, el intercambio de los factores afecta al resultado. Y nunca está de más cuidar las relaciones con la vecindad.

En estos tres años la cantera ha dado pasos al frente. La presencia de jóvenes del equipo júnior y del EBA en el trabajo de pretemporada del primer equipo es gratificante. Lo mismo que la participación en el torneo de Zaragoza, en Semana Santa, que además se saldó con buena nota. Y no estaría de más ver al Obradoiro en la liga sub 22 que organiza la Federación Galega de Baloncesto en la recta final de temporada y en la que los participantes disponen de margen para inscribir jugador invitados.

En todo caso, tres años no son muchos para sacar conclusiones sobre el trabajo de cantera. Dentro de otros tres habrá bastante más margen para ver un perfil más nítido de la base del Obradoiro. Sin prisas, sin atajos.

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