Pasado superado, futuro brillante

Con 11 años se quedó sin padre, con 19 fue arrestado por conducir ebrio, con 23 brilla en la ACB

Pasado superado, futuro brillante Con 11 años se quedó sin padre, con 19 fue arrestado por conducir ebrio, con 23 brilla en la ACB

«Me paró la Policía y di positivo por alcohol. Había estado bebiendo y conduciendo. Tenía 19 años. Era mi primer año en la Universidad. Fue un punto de inflexión en mi vida. Creo que las adversidades a las que me he enfrentado en mi vida, junto con la pérdida de mi padre cuando era muy joven, me obligaron a crecer y madurar muy rápido. Me impulsaron y me hicieron sumamente determinado». La reflexión es de Matt Thomas, que habla con naturalidad de su vida y su baloncesto, como queda de manifiesto en el vídeo de la entrevista.

El escolta del Monbus Obradoiro, en su primer año en el baloncesto profesional, se está convirtiendo en uno de los jugadores revelación de la ACB. Nunca lo tuvo fácil, pero siempre encontró la manera de hacer de la necesidad virtud, con el apoyo y el empuje incondicional de su madre Martha.

Aquel día en que fue arrestado por conducir ebrio cambió el curso de los acontecimientos. Supo parar, pensar y analizar. Decidió qué era lo más importante: «Mi fe, mi familia, mis amigos, el baloncesto». Y no se quedó ahí: «Eliminé cualquier otra cosa, como salir por las noches. Incluso me replanteé cuáles de mis amigos eran de verdad, con quién quería quedarme».

Giro de 180 grados

Aquello no fue un brindis al sol. Fue un punto de partida hacia un futuro brillante. Hizo carrera en las aulas, con un expediente académico de altos vuelos, y en la cancha, donde se convirtió en uno de los mejores jugadores de la Universidad de Iowa State. La afición lo despidió puesta en pie, tras su último partido.

No fue elegido en el draft de la NBA. No se vino abajo. Recaló en el Obradoiro y no ha tardado en llamar la atención. Tan es así que el Barça intentó ficharlo hace unas semanas, antes de firmar a Edwin Jackson. El club evitó el traspaso y el escolta no se vino abajo: «El interés del Barça impresiona y al mismo tiempo es motivador. Me hace trabajar aun más duro para llegar a una posición como esta, porque es uno de mis sueños, jugar para un equipo como ese o en la NBA».

De momento juega en el Obradoiro. Al acabar esta temporada el club tiene una opción para ampliar un año más, pero inmediatamente también se activaría una cláusula de salida para Thomas. Y, visto el rendimiento, parece difícil que pueda seguir en Sar.

El correo postal de su madre, que le envía cartas «al menos una vez a la semana»

La relación de Matt Thomas con su madre, Martha, ha sido siempre estrecha y cercana, incluso en la distancia, en su etapa universitaria y ahora, en la Liga Endesa. El correo postal es una buena manera de mantener firmes los vínculos: «Sí, mi madre me envía cartas. Al menos una vez a la semana. Con lo que sea. Pueden ser cartas contándome cualquier cosa, como las Navidades o el Día de Acción de Gracias. Me cuenta cómo van las cosas en casa y me gusta, porque hemos tenido adversidades y turbulencias cuando era joven que hicieron que nuestra familia estuviese muy unida. Seguimos estando muy unidos. Mi madre viene a visitarme en marzo con mi hermana y tengo muchas ganas de verlas aquí. Es algo que hacía ya cuando estaba en la Universidad, mandar cientos de cartas. Y a mí me encanta recibirlas».

De lo que no cabe duda es de que Matt Thomas ha ido forjando el carácter de quien conoce y maneja la determinación. Sabe dónde poner el foco. Quiere disfrutar del presente para seguir avanzando en el futuro: «No tengo posibilidad de controlar el ruido a mi alrededor. Voy a seguir disfrutando de mi tiempo aquí, a seguir mejorando. Es como me lo tomo cada día, viviendo el momento, que creo que es la mejor manera de hacerlo. La vida es una bendición y hay que estar agradecido por cada día que tienes, coger lo que viene y aprovechar cada día. Ahora mismo no estoy pensando en lo que va a pasar la próxima temporada».

Kobe Bryant es su ídolo. Se le comenta que ya hay algo que hace mejor que él, porque es mejor pasador y se prodiga más en esa faceta que la leyenda de los Lakers. Sonríe. Y se apresta a empezar otro entrenamiento.

Moncho Fernández: «Tiene claro que quiere triunfar»

Matt Thomas firmó por el Obradoiro en la Liga de Verano de Las Vegas. Hasta allí viajaron el director general, José Luis Mateo, y el entrenador, Moncho Fernández, para verlo en directo. Era una comprobación rutinaria, porque lo tenían en el punto de mira antes de partir. De hecho, participó poco en los primeros partidos. Pero hablaron con él y con su agente, el mismo que un año antes había traído a Whittington. El Alquimista de Pontepedriña le expuso el proyecto. Thomas recabó referencias del propio Whittington y de Alec Brown, compañero de equipo en Las Vegas y otrora jugador del Obradoiro. Dio el sí, ganó protagonismo en el tramo final del campeonato y se alzó con el título.

Han pasado seis meses desde que recalase en Sar y Moncho Fernández ya puede hablar de Matt Thomas con el aval del tiempo que lleva a sus órdenes: «Su ética de trabajo es excepcional. He conocido pocos con ese nivel. El descanso no existe para él, siempre está centrado en trabajar, en mejorar. No solo se preocupa por el juego, sino también por otros aspectos, como la alimentación. Tiene claro que quiere triunfar, cuál es su objetivo, y cumple todas las facetas de un deportista de élite».

Esta misma semana su compañero de equipo Pepe Pozas lo destacaba entre los tres jugadores que más lo habían marcado en los cuatro cursos que lleva en Sar. Y ponía el acento en esa capacidad de trabajo, insaciable.

Una de las cualidades que más destaca sobre la pista, la que le ha dado el sobrenombre de Iceman, hombre de hielo, es la determinación con la que se juega las posesiones decisivas. El ejemplo más reciente remite al partido de hace doce días en Sar ante el Murcia, en el último segundo de la prórroga, a pesar de una magnífica defensa de Brad Oleson.

No estaba siendo su mejor tarde en el tiro de dos puntos. De hecho, había fallado sus seis ensayos. Se jugó el séptimo sin arrugarse, sin que le pesasen los precedentes inmediatos. Lo explicó gráficamente otro compañero, Nick Spires: «Siempre está convencido de que va a anotar el siguiente».

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