«El Obradoiro es muy de blues»

Marcos Coll, armonicista de talla internacional afincado en Berlín, disfruta del equipo desde la distancia y, siempre que puede, en Sar

Así suena en Sar el Miudiño en la armónica de Marcos Coll Así suena en Sar el Miudiño en la armónica de Marcos Coll

santiago / la voz

Marcos Coll nació en Madrid, en el año 76, pero creció en Compostela. Hoy es un reconocido armonicista de talla internacional, amén de toda una referencia del blues. Antes y ahora presume de aficionado al baloncesto, desde que siendo un crío vio un amistoso entre el Obradoiro y el Barcelona en el viejo pabellón de Sar. Llegó a jugar en el equipo júnior, al tiempo que empezaba a despuntar en la música. Se decantó por los escenarios en detrimento del parqué, pero su pasión por el equipo de la ciudad sigue siendo la misma, si no más.

En el año 99 se trasladó a Madrid. Desde el 2004 está afincando en Berlín. Y estos días se encuentra de paso por Compostela, donde el sábado ofrecerá un concierto en la Sala Capitol junto a Adrián Costa, a partir de las 22 horas. Aunque los plazos de tiempo van un poco ajustados, no le impedirán acudir a Sar para ver el Obradoiro-Murcia. Adelantará las pruebas de sonido y se trasladará sin demora de la grada a las tablas.

Los recuerdos de aquellos años ochenta en el viejo Sar fluyen a borbotones en el discurso de Marcos Coll: «Era como un club de blues antiguo. Olor a empanada, podías tomar las tazas en la cafetería, la bruma, Faustino, sus saludos cuando tenía que salir a la pista y la peña coreaba su nombre, llegar con los zapatos embarrados, las señoras encandiladas con Mario Iglesias, pidiendo que lo sacaran a la pista ‘porque es tan guapo...’ Son tantos recuerdos...».

También de baloncesto: «Los tiempos del Oximesa, del Elosúa León, de Hollis, de Miguel Tarín, que creo que vino con el Hospitalet y era entonces el tío más alto de España...». Fue toda una época a la que sucedió el largo paréntesis de la travesía judicial.

La gran noticia, el regreso a la ACB, la vivió desde Berlín y no daba crédito: «Francamente, no me lo creía, era de los que lo daban por muerto. Y, de repente, ¿quién va a jugar? Creo que empecé a asimilar que todo era cierto después de la victoria ante el Joventut. Luego pasamos de casi entrar en la Copa a descender. Con el tiempo, pienso que incluso vino bien para seguir creciendo. Y, además, podíamos decir que ya nadie nos podía quitar aquel paso de la camiseta del Obradoiro por la ACB».

Sociología obradoirista

Con Marcos Coll no vale aquello de que la distancia es el olvido. Antes al contrario, traza el perfil del club como si cada quince días estuviese en Sar.

Al hablar del equipo, recupera la comparativa con la música que también emplea con el viejo pabellón: «El Obra es muy de blues. Siempre está luchando, todo lo tiene que pelear. No es como el pop, como cuando un sello discográfico se vuelca y te lo da todo hecho. En el blues todo se gana concierto a concierto. Como el Obra, partido a partido».

Es lo que le pide: «Así es como lo queremos, que no baje nunca, que nos dé emoción. Si estuviese entre los equipos que ganan siempre no sería lo mismo, aunque a nadie le gusta perder. Hacer tanto con tan poco dinero no es nada fácil. Es el Obra».

Quizás no resulte fácil de entender. Quizás a alguien que no sienta de cerca el ambiente de Sar (aunque en el caso de Marcos Coll no lo pueda disfrutar in situ tan asiduamente como le gustaría) le sorprenda una de las reflexiones del armonicista, dicha con orgullo: «Cuando tiras a meter no entra, cuando tiras a fallar anotas. Es el Obra». Le sucedió a Waczynski en la Copa del Rey. Obradoiro, ad astra per aspera.

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