Alquimista y profeta en Sar

Solo Pascual suma más cursos en un mismo equipo que Moncho Fernández


santiago / la voz

La relación de Moncho Fernández con el Obradoiro empieza cuando, como aficionado, acudía a los partidos del viejo pabellón, siendo todavía un imberbe sin flequillo. La del Alquimista y profeta en Sar arrancó en el verano del 2010. Y sigue. En la ACB solo le supera Xavi Pascual en número de cursos consecutivos en un mismo destino, con once.

Moncho Fernández empezó con un ascenso en la LEB Oro y encadena cinco permanencias, siempre con uno de los presupuestos más bajos. Quizás dos frases suyas, en sendos tiempos muertos, resuman su filosofía: el conocido «do the fucking rules» y el «no os caguéis que lo tenemos», cuando el equipo logró sorprender al Barça en el Palau.

Chete Pazo lo reclutó para la causa, en la que fue su primera decisión tras llegar a un acuerdo con el Obradoiro a fin de armar el proyecto del ascenso en la LEB. Nada más firmar él, llamó al técnico santiagués para concertar una cena, ese mismo día. Ahí sentaron las bases del acuerdo y en la jornada siguiente se cerró. «Nos conocemos desde los ochenta -recuerda Pazo-. Encajaba en lo que buscábamos, por su experiencia y su conocimiento de la categoría. Y sabía cómo ve el baloncesto. Además, no había que explicarle qué es el Obra ni la idiosincrasia de la ciudad».

Así soltó amarras una singladura que encara su séptima campaña. Palabras mayores en el deporte profesional. En opinión de Chete Pazo, la clave del éxito tiene que ver con tres ces: continuidad, confianza y constancia. «En todos estos años -añade- Moncho ha trabajado con el mismo cuerpo técnico, con una constancia y una profesionalidad con mayúsculas, siempre fieles a un estilo. Conocen las limitaciones económicas del club, saben qué quieren y con qué pueden contar».

El primer año, al Alquimista le tocó asumir la condición de favorito al ascenso. Y cumplió, a pesar de que al equipo se le escapó el salto directo. Lo compensó en el play off. Y Pazo rememora una anécdota que habla del carácter de Moncho Fernández entrenador, no tan volcánico como puede parecer desde fuera. O sí.

Anécdota en Burgos

En las horas previas al cuarto partido del play off en Burgos hubo un problema de intendencia que obligaba a toda la expedición a cambiar de hotel antes del mediodía. El entonces director gerente se lo tenía que comunicar al entrenador, y temía que se le encrespase el flequillo. Lo rememora así: «Antes de explicarle el problema le dije que podía mosquearse y enfadarse con todo el derecho, pero que no había otra».

Sorprendentemente, no se movió un pelo. Casi parecía contento: «Me dijo que tranquilo, que el equipo iba a ganar, que cada vez que había surgido algún percance durante la temporada, el Obra había vencido. La cosa no quedó ahí. Cambiamos de hotel y en la charla de vídeo previa falló el cañón del proyector, por lo que los jugadores tuvieron que apelotonarse delante de la pantalla del ordenador. Sonreímos. Aquello no se podía escapar».

A Chete Pazo lo sucedió José Luis Mateo. Conocía a Moncho Fernández por referencias. Y no tardó en forjarse una buena opinión del técnico con el que le está tocando obrar cada año el milagro de los panes y los paces: «Quizá señalaría la capacidad de Moncho para adaptar su baloncesto a las características de los jugadores que tiene y su ansia o curiosidad por mejorar en todas las parcelas que no son exclusivamente técnico-tácticas y que luego influyen en lo que sucede en la cancha».

Identificación

Y añade: «No es fácil cumplir ciclos largos en los clubes, por el desgaste inevitable que genera el exigente día a día que tenemos, y él lo está consiguiendo por su capacidad, obviamente por los resultados y también por ser capaz de convertir los problemas y alegrías del club en suyas propias. No creo que Moncho tenga mucho que envidiar a los llamados entrenadores top, por mucho que sea de Pontepedriña».

Estabilidad, adaptación y evolución

Chete Pazo no dudó respecto al primer candidato para el banquillo del Obradoiro. Y Moncho Fernández tampoco, a la hora de elegir a sus ayudantes. Empezó a construir el proyecto por ese flanco, escogiendo a Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez, compañeros de viaje a lo largo de estas seis campañas. Ambos coinciden en subrayar que el Alquimista de Pontepedriña siempre tiene bien definidas las coordenadas del plan de ruta.

Víctor Pérez añade, no obstante, que no es una propuesta rígida: «Tiene una filosofía de baloncesto muy clara, pero mutante, porque sabe adaptarse a las características de los jugadores». No hay más que ver como ha ido cambiando el juego interior del equipo. Y, particularmente, el ejemplo de Muscala, que empezó como cinco y acabó mezclando como cuatro con Oriol Junyent.

Gonzalo Rodríguez apunta entre las claves a la «estabilidad y la confianza» en todos los frentes: «En cualquier otro club, con dos victorias en veinte partidos estás en la calle. Moncho no dudó y el club mantuvo la confianza. Se la ha ganado».

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