Al Obradoiro le sobró el último minuto

Cayó ante un Gran Canaria correoso y el arbitraje más protestado


Santiago | La Voz

El Obradoiro se quedó con la miel en los labios ante un rival  muy consistente y en medio de un arbitraje muy protestado. Aún así, pudo quedarse con la victoria, pero sufrió un apagón en las tres últimas posesiones: regaló dos y el balón para forzar la prórroga se salió.

El conjunto santiagués firmó un primer cuarto que se aproximó a la perfección, al abrigo de una extraordinaria actividad defensiva y una mejor dirección de Andrés Rodríguez.

Atrás no dejaba que el Gran Canaria se sintiese cómodo, ni dentro ni fuera. Arriba tenía la paciencia necesaria para buscar alguna fisura, bien desde el perímetro o bien alimentando a Mejri. Y Pavel Pumprla, como en Vitoria, seguía ofreciendo lo mejor de su repertorio. Con el partido en esa dinámica cerró un parcial 21-13 en medio de las ostensibles protestas de Pedro Martínez por una personal en ataque de Eulís Báez. Hasta ese momento solo había una mala noticia, las dos personales de Ben Dewar. Y el técnico visitante no precisó volver a enfadarse, salvo en una aparición, la técnica a Eulís Báez, que de nuevo le dio resultado. Cada vez que había que tomar una decisión en el alambre de la duda, casi siempre cayó del lado amarillo.  La chulería de Benajamín Fernández amenazando a Moncho Fernández con una técnica es impropia de quien tiene que administrar justicia. La pitada que recibieron al descanso fue de récord.

En el segundo acto el partido se fue equilibrando. Con las rotaciones el Obradoiro perdió fluidez en ataque, con la excepción de Corbacho, que clavó tres triples providenciales.

En el Gran Canaria Pedro Martínez fue haciendo pruebas, como la de jugar con cuatro exteriores y solo Slokar por dentro. Y poco a poco su equipo consiguió limar diferencias. Al descanso, 40-38.

De vuelta de los vestuarios el Obradoiro hizo una demostración de entereza para no descolgarse ante un rival que es como un dolor de muelas, que siempre está ahí dispuesto a tocar el nervio del dolor. Ante Newley, muy acertado en el arranque, y el acierto rival en los triples, bastante hizo con sobrevivir y llegar a los últimos diez minutos solo dos abajo.

En ese último acto hubo dos puntos de inflexión: una técnica a Eulís Báez con empate a 64 que le valió al colectivo de Moncho Fernández para coger cinco puntos de renta; y el último minuto, en el que el Obradoiro dilapidó tres posesiones. La postrera, un balón de Andrés que se salió del aro.

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