El toque nipón, P.O.D. o Mastodon sirvieron de preámbulo al estreno del reverendo en Viveiro
05 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La vigésimo primera edición del Resurrection Fest echó el telón anoche en Viveiro con una jornada que empezó con mucho calor, pero las nubes fueron poblando poco a poco el cielo de Viveiro para no castigar tanto a unos fans con tres días ya de conciertos y juerga a sus espaldas. Porque lo del viernes fue eso, una fiesta casi apoteósica.
Y el casi viene porque los esperadísimos Limp Bizkit hicieron mover al recinto de Lavandeiras desde el principio, a pesar de que se echó en falta un poco más de fuerza en el sonido en determinados momentos. Los más entusiastas de la banda de Florida, muchos instalados ya por encima de los 40 años, seguro que regresaron a la adolescencia y disfrutaron de la primera vez de los de Fred Durst en la ciudad del Landro, pero los que no son tan amantes de su nu y rap metal puede que no disfrutasen tanto del concierto por los prolongados parones entre canción y canción en un karaokizado show, ya que las letras aparecían en la pantalla gigante instalada en el fondo del escenario.
Sea como fuere, la libertad y no seguir las normas es una marca de la casa de los estadounidenses. Para la anécdota quedará el chico de cumpleaños al que subieron al escenario al ver su cartel anunciándolo; el problema estomacal —no especifiquemos más— de la cantante que acompañó en un tema a Durst, que abandonó el rojo para presentarse con una gorra de tintes celestes, como si hiciese un guiño a Galicia; y el parón en Take a Look Around para poder abrir camino entre el público que abarrotaba el recinto de Lavandeiras y atender a una fan que se había lastimado. Ese parón no se notó y, aunque a algunos se les hiciera un poco largo por los parones, y otros, en cambio, alabaran la interacción con sus fans, la realidad es que la repetición de Break Stuff fue un epílogo cargado de energía que puso patas arriba el campo y lo llenó de pogos, circle pits y demás.
Para cerrar el tercera día, los hermanos sepultureros Max e Igor Cavalera ofrecieron su propuesta más personal repasando el icónico álbum Chaos A.D. Pegaron duro, atrajeron y, sobre todo, mantuvieron hasta el final, a pesar de la hora y la tralla previa con Trivium y Limp Bizkit, a un número importante de fans, con el añadido que le da más valor de que muchos eran de los más talluditos del festival. Conectaron a la perfección y demostraron por qué son los grandes exponentes del thrash metal brasileño.
En cuanto al cuarto y último día, los japoneses Iscream Never Ground abrieron el Main como premio a su gran actuación el pasado año en el Chaos. Los asiáticos siempre traen propuestas diferentes y animadas, así que fue una forma fabulosa de empezar el día para luego pasar al metal alternativo de Hamlet, que desde Madrid son habituales en Viveiro. Imminence y su sinfonía con el violín como protagonista entraron muy bien a media tarde; el nu metal de P.O.D. encandiló con Alive, Youth of the Nation o Boom, aunque hubo algún problema de sonido, y sirvió para calentar de cara a la irrupción de Mastodon.
Pero lo más potente de la noche se aguardaba al cierre de esta edición. Con la medianoche ya superada y para finiquitar el escenario principal por este año, estaba previsto que Marilyn Manson se estrenase en Viveiro poniendo el broche final a una nueva edición multitudinaria del Resurrection Fest. El reverendo, en su inesperado regreso a la escena, seguro que llevó a muchos a los 90 y al inicio de siglo con su particular fiesta pagana.