«Nunca me importaron el frío ni la humedad de Viveiro, solo trabajar para mandar dinero a mi familia en Cuba»
VIVEIRO
Yoel Herrera Frometa, hostelero cubano de 39 años, ha reabierto el Mesón Asturiano, de Covas, con el nombre Mesón Doña Inés
21 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace 13 años, Yoel Herrera Frometa salió de su tierra natal de La Habana, en Cuba, con el objetivo de ganar dinero para ayudar a su familia. «Allá ganaba 7 euros al mes trabajando en una gasolinera. Nunca me faltó un plato de comida porque mi mamá se deslomó para que pudiésemos comer, pero pasé mucha necesidad, y no quería que mi hija, que entonces tenía tres años, pasara lo que yo pasé de chiquito», relata este hostelero de 39 años que acaba de reabrir con el nombre de Mesón Doña Inés el emblemático Mesón Asturiano, situado en el edificio Parquemar, en Cantarrana (Viveiro), que fue traspasado tras la jubilación de su anterior propietario. Y Yoel lo hace después de haber trabajado en la cocina del restaurante del hotel Las Sirenas («empecé fregando platos», expone), la cocina del mesón As Tixolas («hasta que llegó el covid y cerró todo», dice) o en la «chatarrería Dositeo», en el polígono de Camba, en Xove. «Al llegar a Viveiro no me importaban el frío ni la humedad, lo único que me importaba era trabajar para mandar dinero a mi familia a Cuba. No sé si me adapté, solo sé que hubo que hacerlo así», explica con serenidad sobre sus inicios en la ciudad del Landro, a donde llegó procedente Salou, en Tarragona, tras haber partido de Moscú en un viaje que parece sacado de un libro de aventuras. «Salí de Cuba para Rusia y de allí me vine andando para España. En bus, en tren, en coches... Pasé por Polonia, Lituania, Países Bajos, Francia... A los 18 días un bus me dejó en Salou, donde estuve unos meses. Acabé en Viveiro gracias a mis primos, que tienen el Chiringuito Don Tomás en el puerto. Me dijeron que viniera, que este era un pueblo tranquilo y que aquí podría encontrar trabajo», detalla.
«El primer piso que alquilé en Viveiro tenía una habitación y costaba 185 euros; esos precios hoy son impensables», Yoel Herrera Frometa, hostelero natural de Cuba de 39 años
Mucho han cambiado las cosas desde entonces. «Estuve solo durante mucho tiempo porque no me quería comprometer a nada, lo que quería era ahorrar dinero. Con veintipico años que tenía, claro que me gustaría salir o tener un coche, pero en mi mente estaba que mi hija comiese bien todos los días, así que no se podía. Mi primer piso en Viveiro me costaba 185 euros. Tenía una habitación, pero para mí era más que suficiente», reflexiona. En todo este tiempo, según resalta, su principal apoyo ha sido su madre. «Ella fue la que nunca paró de rezar, y en homenaje a ella le puse el nombre de doña Inés al mesón», cuenta Yoel, que en España formó su propia familia. «En Viveiro tuve una relación preciosa de la que nacieron dos niñas, una que ahora tiene ocho años y otra que tiene cuatro», explica el hombre, que ha iniciado esta aventura empresarial junto con su actual pareja, Ariana Nicole Yen Negrini, natural de Perú. Él en la cocina y ella tras la barra y en las mesas dirigen y trabajan un establecimiento que ofrece platos esenciales de la gastronomía tradicional gallega, como merluza, pulpo, bacalao, chipirones, langostinos, zamburiñas o entrecot. El menú del día, compuesto por un primero y un segundo a elegir, además de bebida, café y postre, cuesta 15 euros. El de este miércoles, por ejemplo, ofrecía ensalada de queso azul, croquetas de pollo y salteado de verduras (primeros), y ventresca de atún con anchoas, filete de ternera con patatas fritas y raxo estilo tasca (segundos).
Bufé libre de carne por 30 euros
Los fines de semana, el Mesón Doña Inés ofrece un bufé de carne por 30 euros (se puede repetir las veces que se quiera) que incluye cinco tipos de carne a la brasa distintas (entrecot de angus, picaña, secreto, solomillo de cerdo y pollo) y tres guarniciones entre seis (arroz blanco, frijoles negros, plátano maduro frito, ensalada, patata frita y maíz frito). Yoel viaja todos los años a su Cuba natal para pasar un mes con su familia, a la que sigue ayudando. «Mi hermana es una de las ginecólogas más prestigiosas de Cuba, y estoy orgulloso», dice.