«Ya nos ven con normalidad por la calle. Creo que no somos bichos raros»

El convento viveirense cumple este mes el 420 aniversario de su fundación


viveiro / la voz

El 4 de enero de 1601 María de las Alas Pumariño firmó su testamento en el que figuraba la decisión de erigir en Viveiro un monasterio. La «primera piedra» del actual convento de las Concepcionistas, referente religioso en el municipio que a lo largo de sus ya 420 años ha sabido remar contra vientos y mareas. En 2001 la comunidad de religiosas decía: «Aquí nos sentimos muy queridas por todo el pueblo». Ese sentir pervive, y es mutuo. Lo constata la actual madre abadesa, Sor María Teresa, quien en 2016 celebró sus bodas de oro religiosas. En el siglo XVIII, llegaron a ser 82 hermanas pero hubo un momento, con riesgo de desaparecer la comunidad, con solo ocho. Actualmente, son once, de edades comprendidas entre 50 y 93.

-Cómo están, Sor Teresa?

-De momento, bien. Hay que estar con muchos cuidados, con todas las precauciones que parecen pocas... De momento, no tuvimos contagios. ¡Gracias a Dios!

-Y a la ciencia también.

-Y a la ciencia también... Ya lo sé, lo que pasa es que soy monja y desde mi fe sé que Dios está para todas las cosas y que Dios es el que da la ciencia al hombre.

-¿Sabía que estaban de 420 aniversario, que se dice pronto?

-Ni siquiera sabíamos que estábamos de aniversario. Quiero decir, recordamos esa fecha, pero no con intención de celebrar. Al menos, en nuestra memoria está.

-Cada vez hay menos conventos. Mire el caso de Valdeflores... Muy cercano y, supongo, sentido.

-Hay muchos casos, cercanos y sin ser cercanos. Se están cerrando cantidad de monasterios, también de Concepcionistas, sobre todo en España porque en otras partes del mundo hay muchas zonas en las que crecen(...) Hemos sentido mucha pena por lo de Valdeflores; eran hermanas con las que teníamos un vínculo de amistad y fraternidad especial, pero qué le vamos a hacer...

-¿Cuál es la razón del descenso de vocación religiosa?

-La razón no te la podía dar yo. Hay muchísimas causas. Los especialistas en esto dicen que obedece a muchas, que yo no voy a enumerar. Lo cierto es que, seguramente, Dios sigue llamando. Y llama siempre, pero no sabemos si es para esta vida o para la otra. O falla la respuesta...

-A lo mejor... no había wifi.

-... (Sor Teresa se echa a reír).

-Disculpe la broma, Sor Teresa.

-¡No, si está bien eso! Me gustan las bromas. Pienso que hay que llevar la vida con alegría.

-Como ya dijo antes, el covid, afortunadamente, no ha entrado en el convento, su casa.

-No, no hubo ninguna contagiada. Por ahora, no hemos tenido. Eso sí, seguimos todas las precauciones, sobre todo porque hay hermanas mayores muy mayores. Las que no lo somos tanto nos defenderíamos... o no, no se sabe. Sí que nos afecta el covid por las normas que nos mandan cumplir; las sanitarias las cumplimos aunque estemos en clausura y también porque se depende mucho de la gente del pueblo, del supermercado o de las farmacias, pues estamos en el mundo de distinta forma participando pero somos humanas y a veces se necesita en el convento un fontanero, un electricista... No estamos aisladas del todo. Y si tenemos que ir al médico, vamos; no queda otra. En cuánto a la compra, a veces hacemos una vez al mes o, si tenemos que ir al médico, aprovechamos para hacerla. También tenemos una señora para los recados de cada día, para comprar el pan o ir a la farmacia, pero hay otras cosas que las tienes que hacer tú. Y cuando salimos, tratando siempre de guardar las distancias.

-Cuando salen a la calle, quizás a más de uno le llame la atención el modo de vida que eligieron, pero es una vida que es más normal de lo que podemos pensar...

-Ya nos ven con normalidad, están acostumbrados. Ahora, creo que ya no somos ‘bichos raros'.

«Seamos todos responsables, pensando también en el de al lado»

El día a día en el convento, explica Sor Teresa, comienza muy temprano, a las seis de la mañana para «las hermanas que no estamos enfermas, que somos las que podemos llevar un horario». Comienzan con rezo, siendo el último sobre las diez de la noche: «Creo que no tenemos ningún tiempo libre, tenemos un horario llenito. Hay momentos de recreo entre nosotras, pero el día está ocupado desde que nos levantamos. Hay un horario para rezar y para trabajar. Ahora tenemos huerta, enfermas que cuidar, un convento enorme que hay que atender.... ¡Y la vida!», exclama.

—Las religiosas tienen mucha fama de excelentes reposteras. ¿Qué suelen cocinar?

—Teníamos fama, porque hemos tenido confitería y vendíamos muchísimo. ¡No dábamos abasto! Las comidas son las normales que se hacen en casa. No compramos marisco, salvo por Navidades. Sí que toda nuestra cocina es natural, nada de precocinado. Usamos mucho productos naturales y compaginando el pescado con la carne, como en cualquier familia. Postres, si tenemos que hacer los hacemos, pero para la comunidad, que sea sano todo.

—¿Ven las noticias?

—Intentamos que coincida con nuestro horario ver el telediario y saber cómo va todo.

—En Viveiro, la incidencia del covid es muy elevada.

—Sí, en Viveiro estamos muy mal de contagios...

—¿Qué le diría a la ciudadanía?

—Digo que no podemos perder la esperanza y que hay que ser responsables. Ya sabes que dicen los que entienden, que muchos contagios son por falta de prudencia y por reuniones que no debía de haber. Después de Navidad, salieron muchos contagios de reuniones familiares y entre amigos. Pido que seamos todos responsables, pensando en nosotros y en el de al lado. Y no vivir agobiados. Desde la fe, digo que lo vivamos con esperanza y contando siempre con Dios, que está moviendo al mundo.

—Revolucionando, mejor dicho. O quien lo ve como un «castigo».

—Pero Dios nos habla. No es el castigo de Dios; eso lo oí pero no lo admito, en mi criterio. Es como un padre que avisa a los hijos.

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