Playa da Brela: la excepción a la importación de pesqueros vascos

Fue el único cerquero-bonitero íntegramente gallego adquirido para Euzkadi


VIVEIRO

Desde la implantación del vapor la flota gallega del norte creció de forma proporcional al avance técnico de las soluciones aplicada a las unidades pesqueras del Cantábrico oriental. Así los puertos de Celeiro y Burela, principalmente, pasaron a nutrirse de los barcos que el País Vasco vendía por obsoletos en sus medidas o sus máquinas, no eran vendidos por viejos, por estar muy usados, porque en la primera mitad del siglo veinte la modernización avanzaba a paso acelerado o simplemente la lejanía de caladeros les demandaba barcos mas grandes.

A Mariña en las primeras décadas del siglo pasado construía en sus astilleros de ribera, pero era dependiente en la instalación de calderas y máquinas de vapor, lo que requería del remolque del casco a Vigo, Zumaya o Bermeo. En otras ocasiones, y propiciado principalmente por los conserveros y asentadores, se compraba el barco en su conjunto. En 1916 llegan tres vapores construidos y armados en Bermeo: el San Ramón, para Ladislao Tristán, de Foz; el María del Carmen, para Santiago Basanta, de Burela; y el Brígida, para Benigno López, de Viveiro. Fue algo inusual ya que entonces era la práctica mas costosa. El País Vasco fue para nuestros puertos la zona más habitual de montaje e instalación, por encima de Coruña, Ferrol o Vigo, pese a su proximidad, aunque entre las adquisiciones de vapores figuran procedencias francesas, vascas, cántabras y asturianas, sobre todo Luanco.

Primeros foliados en Viveiro

Los primeros vapores importados foliados en la capitanía de Viveiro se remontan a 1907. En enero se registra, con el número 1026, el San Antonio, ex Bemeveva de Bermeo, para Carmen Martínez; y en abril, con folio 1031, el Santa Ana, ex General Carola, un vapor del astillero vigués Montenegro del año 1888. Para Burela Santiago Basanta encarga en 1928 en Zumaya dos vapores de nombres María del Carmen Nº 2 y María del Carmen Nº 3, registrados en Viveiro con los folios 1509 y 1510, que serán renombrados Antonio García y Santiago Basanta.

Renombrado María Zulaika, en 1997 fue hundido como biotopo

El Playa da Brela es vendido para Guetaria en abril de 1982, para los hermanos Iribar Zulaica (Florencio, Pelayo y Conchita), hermanos Iribar Iñarra (Claudio y María Rita) y Agustín Errazkin Iribar, armadores además del Eleuterio Iribar, un Bedua de 1973 que se hundiría en las Azores en 1995. Adquirieron el Playa da Brela para sustituir al Nuevo María Zulaika, de 1965 y vendido a Lekeitio ese mismo año.

Pese a haber casos de construcción gallega para encargos vascos, como el Azkarate Bengoechea (en 1964, de Cardama Vigo para Bermeo), el Perla Marina (en 1963, de Santodomingo Vigo para Bermeo) y el recordado coloso de 39,40 metros de eslora Berriz Gure Naia (en 1989, de Juan Jesús Nécega, en Foz, para Orio), la venta del Playa da Brela es el único caso de bonitero tanquero íntegramente gallego adquirido para intereses vascos. Y no volvió a repetirse.

El 13 de enero de 1984 se le cambia el registro para Zumaya, foliándose con el número 1385, y se le renombra María Zulaika (SS-3-1385 E.G.W.O.). En el verano de 1984, en los talleres Arostegui de Orio, se hacen obras de reforma y se le añaden una fila más de cuatro viveros de cebo vivo en proa.

El 10 de enero de 1996 se solicita su paralización definitiva y el 7 de febrero de 1997 se hunde de forma voluntaria como biotopo a 11 millas al norte de Elanchove. Su baja es cubierta por el bonitero cerquero de acero Iribar Zulaika, de 36 metros y 232 TRB, de astilleros Balenciaga, y que a día de hoy utiliza el puerto de Dakar (Senegal) como base de operaciones en sus pesquerías de túnidos.

El primero con licencia en Gran Sol, junto al Ermita de San Roque

El Playa da Brela (FE-2-2832 E.G.W.O.) fue construido en los astilleros de Foz por el carpintero de ribera José Beltrán Ares para los armadores de Celeiro Antonio Regal Galdo y Domingo Rey Alonso, poniéndose la quilla un 27 de mayo de 1974. Finalizado el casco, fue remolcado a Viveiro, donde los talleres de José Fernández Álvarez montaron el motor Brumeister 407-26 FD de 700 HP, construido por los Talleres Echevarría de Bermeo.

La combinación casco de Foz y montaje de Viveiro fue muy habitual en estos años, pero una muy conseguida estética del equipo de este barco suponía un gran paso adelante de los talleres sitos en La Misericordia. El barco desplaza 179 TRB en unas medidas de 31,55 metros de eslora, 7,36 de manga y 3,80 de puntal, a una velocidad en pruebas de 11,56 nudos. Se finaliza un 20 de mayo de 1975, con un año justo de trabajos, y el 10 de junio pasa sus pruebas de mar con los inspectores de la Armada en Ferrol. Dos días más tarde el Playa da Brela sale despachado de Celeiro a la pesca de bonitos a cacea y cebo vivo con 18 tripulantes, haciendo su primera venta en Arrecife el 3 de julio y la siguiente de 30.000 kilos el día 20 de julio en el puerto de Coruña.

Bonito, espada, volanta

A principios de septiembre se da por finalizadas la costera de bonito y se arma para el palangre de superficie al espada durante un mes, ya que el 9 de octubre sale armado para volantas hacia aguas del Sáhara español, donde permanecerá hasta finales de año. El 12 de enero de 1976 inicia el año despachado al palangre y seguirá alternando artes hasta su definitiva inclusión en el censo de volanta en aguas comunitarias. En 1979 fue el primer barco en pescar con licencia en aguas del Gran Sol, junto al Ermita de San Roque, por la irrupción de las 200 millas.

La guerra de las volantas en el litoral cantábrico en caladeros usados por los gallegos cuando el tiempo no permitía el uso de los mares europeos, llevó al Ministerio de Pesca a prohibir la volanta en beneficio del palangre, método usado a partir de entonces en la costa y en Gran Sol. Coincidiendo con nuestra entrada en la UE, demandó la adquisición de barcos más capaces, más seguros y más compactos. Antonio Regal y Domingo Rey adquieren en julio de 1982 el Gomistegui, bou de 34 metros de acero del año 1971 (construido por Astilleros Balenciaga para la armadora Urarte SL de Pasajes) reconvertido en palangrero de fondo para sustituir al Playa da Brela.

Las prodigiosas décadas de los sesenta y setenta

La Ley de 23 de diciembre de 1961 sobre Protección y Renovación de la flota pesquera supuso un verdadero auge de la maquinaria industrial vinculada a la construcción naval, a cuyo amparo crecieron talleres, fábricas y sobre todo dieron una actividad frenética a los astilleros de nuestra zona, así como el impulso de jóvenes emprendedores convertidos en armadores al amparo de la facilidad al conseguir créditos.

Comenzaron a tener gran demanda los cinco astilleros focenses, los cuatro de San Ciprián y el de la Villavieja en Ribadeo, para cascos que armaban sobre todo Jesús Fernández en Viveiro, José Roca y Antonio Ruiz en Burela, Seivane y Barcia en Ribadeo, Talleres Martínez y Talleres Ramón y Jesús en Foz. Como en muchos casos no se podía cubrir la demanda, los armadores siguieron utilizando Echevarría en Bermeo, Yeregui en Zumaya, Michel en Ondárroa, Guria en Pasajes y Aróstegui en Orio. A pesar de esta actividad en A Mariña se siguieron encargando barcos al País Vasco, como el Paxaro Blanco (casco Bedua, montaje Yeregui) y el Flecha (casco Lazkano, montaje Echevarría). Y, por supuesto, siguieron comprándose de segunda mano.

Las pesquerías en este tiempo serían determinantes en la vida de los barcos, dedicados a anchoa y bonito desde abril a noviembre. El uso cada vez más de las redes de deriva o volantas en invierno, incluso usando los caladeros del sur, demandó barcos más grandes. En la década de los setenta Celeiro y Burela empezaron a sustituir sus barcos en muchos casos por el acero y de forma distinta. Mientras los patrones armadores de Celeiro seguían con la misma filosofía de boniteros cerqueros, en Burela irrumpió una flota de arrastreros donde destacaban entre otros los tres Celayas: Sueiras, Pilar Roca y Ben Amado, aparte de una buena cantidad de bakas de madera, incluyendo a Foz con sus cooperativas y Ribadeo.

A mediados de los setenta aparecían barcos en A Mariña capaces de competir con la potente flota vasca en sus pesquerías, unidades de 30 metros equipadas con viveros de cebo vivo como el Nuevo Playa de Cillero (casco gallego, montaje vasco), Playa da Brela (casco y montaje gallego), Siempre Ecce Homo y Pino Montero (casco vasco montaje gallego).

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