Los Galdo Fernández, de Viveiro, paradigma de la emigración gallega a Cuba

Modesto ahorró para abrir en La Habana en los años 30 un negocio de tintorería


Detrás de muchos emigrantes hay una historia de dolor y de ilusión. O de ilusión y dolor, si lo prefieren. Saber de ella es conocer nuestra diáspora, la que no recogen los asientos contables de la historia. Claro que no siempre afloran esas intrahistorias menudas y familiares. Amelia Galdo Fernández, de Viveiro, a sus 76 años recuerda la suya. La historia de un esfuerzo, trabajo y dignidad que tuvo siempre a Galicia en la mochila y en el horizonte. En la cabeza, en el corazón y en la boca. La memoria de unos padres que honraron su origen, su familia, su patria. Gente de bien. Una familia primero emigrada y luego dispersa por el ancho mundo…

El padre, Modesto Galdo Martínez, nació en 1904 en Fontecoba (Viveiro). Era hijo de José Galdo Parapar y de Balbina Martínez Vigo, de Valcarría, una familia de labradores con cinco hijos. A los 19 años marchó a Cuba por el camino del mar, como otros hermanos y parientes. En 1931 se casó con Aurelia Fernández López, de O Cereixal (Becerreá), que marchara en parecidas circunstancias: llegó a La Habana en 1928, con 17 años, tres hermanos ya estaban allí y dos quedaran con su madre Aurelia López Nogueira en Galicia.

La muchacha no podía sacar a su madre de la cabeza y, al poco de llegar, pensó en volver. Pero el amor se cruzó en su vida e impuso su voluntad. De su matrimonio con Modesto nacieron cuatro hijas: Josefa Esther (1934), Carmen (1935), Amelia (1944) y María Teresa (1946).

Peón y bracero

El primer empleo de Modesto en Cuba fue como peón y bracero en almacenes portuarios de Caibarién en los que ya trabajaba su hermano Manuel que acabó regresando a España. A base de esfuerzo y privaciones, ahorró para abrir en La Habana en los años 30 un pequeño comercio de lavado y planchado, la tintorería Casa Galdo, en la calle Cárcel, próxima al céntrico Paseo del Prado.

En los 40, trasladó el negocio a la calle Pozos Dulces, en el Ensanche, y pudo darle un nuevo impulso: modernos equipos, mejoras en la rapidez y calidad del servicio, lavado en seco y servicio de entrega y recogida a domicilio. Toda la familia arrimaba el hombro y la Casa Galdo fue creciendo hasta tener 10 empleados a fines de los 50. Vivían bien, sin lujos, con mucho esfuerzo.

Pero en 1959 los castristas tomaron el poder y en 1964, ya echados en manos del comunismo, expropiaron comercios como los de los Galdo Fernández para suprimir, decían, los negocios privados en la isla. La familia no fue indemnizada por sus bienes incautados y pasaron a ser asalariados del Estado. Modesto, ya próximo a los 60 años, se jubiló pero su mujer, Aurelia, tuvo que esperar.

«Tantos años de esfuerzo...»

Miguel Hernández diría que fue «un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida». Amelia lo recuerda bien. Y lo recuerda a otros: «Tantos años de esfuerzo y sacrificio, y el trabajo de ambos, codo con codo, fueron tronchados».

La diáspora unió a la familia y luego la dispersó por el mundo

Habría que decir, parodiando a Canetti, que quizás toda alma tenga que ser alguna vez gallega para encontrar el corazón perdido de las cosas. Porque si la emigración unió a los Galdo ante un mundo ancho y ajeno, la emigración los dispersó por ese mismo amplio y extraño mundo.

De las cuatro hermanas, las dos mayores se casaron con un farmaceútico y un ingeniero y salieron de Cuba en 1961-62 por no confiar en el rumbo de la revolución. Esther fue a Estados Unidos y Carmen a Puerto Rico donde su esposo regenta una firma eléctrica. La menor, Teresa, salió, por reunificación familiar, con su esposo y dos hijos a los Estados Unidos en 1980.

Amelia, por su parte, se quedó en La Habana cuidando a sus padres ?fallecidos él en 1974 y ella en 1990- sin fuerzas para reiniciar un nuevo camino emigrante. Con ellos y con su familia superó nuevas dificultades. Vivir alejada de la política supuso pagar un precio de carencias, incomprensiones, injusticias… Hoy su vida transcurre entre Vitoria (Álava) y su Habana natal y vital. Los 9 nietos de los Galdo Fernández ?6 nacidos en Cuba- viven fuera, en USA, Puerto Rico y España.

La emigración aún conmueve a la familia. Y no solo a la directa. José Martínez, por ejemplo, primo hermano de Modesto y padrino de Amelia, dueño de la dulcería habanera La flor de Reina, o José y Manuel Galdo Goas, propietarios de camiones de reparto en Pinar del Río, también se quedaron sin nada. Alguno murió en Cuba. Otros, como Daniel González Sánchez, albañil, cuñado de Aurelia, regresó a Cospeito (Lugo), ya mayor y sin recursos. Y muchos, como Genoveva Bebita Galdo y su esposo, José Folgueira, viven en Florida con sus hijos. Volver a España no era fácil entonces, cuando los propios españoles emigraban a Europa en busca de un futuro mejor.

Lo que no perdieron las cuatro hermanas fue la educación. Ayudaban a sus padres en la tintorería pero cumplieron sus deseos de tener estudios superiores. Y ese es su gran capital, el que no pudieron llevarles…

Relación con su familia viveirense, O Val do Naseiro y primos en Cuba

Los Galdo Fernández mantienen relaciones y vínculos con su familia en Galicia a pesar de las dificultades y las circunstancias. Un hermano de su padre llamado José, con el que la familia más se relacionaba, falleció antes que Modesto, que lo hizo en 1974. Pero un hijo suyo, residente en Viveiro, visitó La Habana para conocerlos y eso los volvió a acercar. Incluso la propia Amelia estuvo en Viveiro visitando a su anciana tía Josefa y a sus hijos.

En ese viaje conoció también a su pariente Francisco Galdo Goas, propietario del Hotel Val do Naseiro, cuyo padre se llamaba igual que el de Amelia, Modesto Galdo Martínez.

En ese viaje, visitó también la casa de sus abuelos maternos ?Aurelia López Nogueira y Manuel Fernández Rodríguez- en O Cereixal (Becerreá) aunque no pudo visitar a sus descendientes radicados en Lugo.

El espíritu de ayuda y colaboración de la familia se mantiene. Y el hijo mayor de Amelia se radicó en España gracias al apoyo de José Mª Galdo, que había vivido y trabajado en la tintorería en La Habana, y de su esposa Olga, a quienes recuerdan con gran cariño. José Mª era sobrino de José y Manuel Galdo Goas y de Amadora, una tía de Amelia que vivía en La Habana. En Pinar del Río vive aún José Galdo hijo y en La Habana una hija de él que es profesora de la Universidad y a la que conocieron tras contactar ella con un hijo pequeño de Amelia, alumno suyo, al ver que tenía el mismo apellido.

Los Galdo son una especie de Galicia errante. La emigración los llevó a Cuba y las circunstancias los empujaron a vivir también fuera de ella. Eso sí, con Viveiro y Galicia siempre en el corazón. La emigración, incesante y fatal…

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