El Deseado, mucho más que un bote, cumple 87 años en Viveiro

Botado a una limpia y abierta ría fue fiel testigo del progreso desmesurado de la misma


Con 30 años se puede matricular un coche como histórico, con 50 años siguen pescando unas cuantas unidades en el Atlántico nacidas en astilleros vigueses, como el Aquatic Pioneer namibio, ex Mar de los Sargazos, que se hizo en Barreras en 1960, o la vivariense Paquita Pérez, que pasea sus 56 años pescando túnidos con base en el puerto canario de Taliarte.

Al llegar el verano siempre me llamó la atención aquel bote blanco inmaculado cuyo patente verde le creaba un efecto armonioso y que descansaba alguna jornada al mediodía en las aguas de la playa de Celeiro. Cuatro remeros, más proel y patrón, con su indumentaria de gondoleros, bogadores de barba blanca que aprovechaban la estadía en tomar el aperitivo en el Rancho Chico o el Chiringuito.

En su amura lucía un folio estratosférico, 1615, el barco de mi padre de 1966 era un dos mil setecientos. Tocaba indagar en las bases de datos porque aquella embarcación no es que fuese histórica, era eterna.

Construida en la carpintería de ribera de Covas por Francisco Balseiro, «Curiña», para Carlos Pedrosa, se estrenó en agosto de 1933 como laúd de 6,20 metros de eslora. Cumple, cumplió este 8 de agosto, nada más y nada menos que 87 años.

El largo confinamiento preveraniego y las labores de investigación, me llevaron a un blog en la Red, elaborado por uno de los supervivientes de tan meritoria tripulación, un blog con el nombre de la embarcación, una joya con gran aporte gráfico donde se da cuenta de la historia del pueblo a través de las vivencias de las familias veraniegas presentes en Viveiro desde tiempos pretéritos de forma permanente y continua a bordo de un casi centenario bote.

Botado a una limpia y abierta ría fue fiel testigo del progreso desmesurado de la misma, del cargadero de la mina de la Silvarosa en todo su esplendor, de las Xiras a Portochao, de las bateas mejilloneras, de los vapores tarraferos, del hallazgo de la Magdalena y el Palomo, del tráfico de costeros y pataches, del fondeo habitual del Cabo Morás y Carrumeiro, los balleneros de Morás, y también de las visitas del Azor, yate del anterior jefe del Estado. Y podíamos seguir enumerando un sinfín de aconteceres que son parte del recuerdo y otros del presente. Seguramente nunca se imaginaría ser testigo de la conversión del arenal en el que nació en un matorralejo sin arena.

El Deseado no es un bote, es patrimonio material de nuestra mar, es la imagen perdida de la navegación con mística y de la ceñida al nordeste, estampas de postal en un paisaje digitalizado. Posiblemente tras sus arreglos de puesta al día ya no conserva ni un centímetro de las maderas originales de los montes de las Pallaregas, pero mantiene obstinadamente un folio histórico que, supongo, sus dueños se han opuesto a cambiar cuando en 1991 todas estas embarcaciones que no se dedicaban a labores de pesca profesional fueron registradas en la lista séptima.

Apoyo tal rebeldía, que cambiarlo le haría perder su historia, pero hasta hoy, increíblemente, no se ha reconocido el foliado histórico. Habrá que preguntarse dónde está el equilibrio entre mantener su identidad o morir en una rotonda, como el bote de Calvo Sotelo en Ribadeo.

Este atípico año no se deja ver en su fondeadero de Os Castelos, pero ojalá siga siendo escuela de las generaciones familiares que mantienen como una tradición la larga vida del Deseado.

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