Ni el covid pudo con 28 años de veraneo en Galicia

Ni una pandemia ha alterado los planes de los Rodríguez González. En los últimos 28 años han aparcado su autocaravana en el cámping de Viveiro y este año no iba a ser menos. En cuanto se pudo circular, carretera y manta. Ya instalados, solo esperan que no los manden de vuelta


Lleva 28 años sin faltar a su cita con Galicia. Y este verano, a pesar de las circunstancias, ha cumplido de nuevo. «Estábamos esperando a que se abriera la frontera entre Asturias y Galicia», dice Clemente, que de no haber sido por el estado de alarma ya hace días que hubiera instalado su caravana en el cámping de Viveiro. Señala que no fue de los primeros, porque entiende que desde el domingo que se permitió circular, alguien vendría antes, pero el lunes a primera hora ya estaban de camino. Vino acompañado de su mujer, Rosario, y de su nieta Noa, de 12 años, a la que parece han contagiado el cariño que sienten por esta tierra. Aquí regresan desde hace ocho años, coincidiendo con su jubilación, unos días en Semana Santa y mes y medio en verano.

Toda una vida veraneando en Viveiro. La primera vez que vinieron, sus hijas tenían 2 y 5 años, y ahora ya traen a su nieta. «Mientras estamos aquí a veces vienen a vernos de visita, pero en su niñez y primeros años de juventud mis hijas estaban encantadas porque tenían amigos y había muy buen ambiente», dice Clemente, un gran apasionado del piragüismo. Lleva 32 años bajando el Sella ininterrumpidamente, -una racha que se romperá por primera vez este año-, y en este sentido, Galicia le ofrece muchísimas posibilidades para disfrutar de su gran afición, una condición que ha valido años y años de fidelidad. «Donde yo vivo hay un pequeño río, que es el de mi club, y damos vueltas en 620 metros, cuando un entrenamiento habitual de piragua suele ser de 10 kilómetros, así que imagínate la de vueltas que hay que dar, parecemos hámsteres... A 40 kilómetros tenemos la ría de Villaviciosa, pero aquí supone estar de vacaciones, me vengo con mi autocaravana con las dos piraguas, una de mar y otra para ir por la ría y doy palos al agua», explica Clemente, que con cierto sarcasmo, suelta: «El pescado tampoco es malo».

SIN AGLOMERACIONES

Como siempre, este año su primera opción era Galicia, es más, asegura que nunca se han planteado otro destino, pero de no haber sido posible, confiesa: «Me daría pena no comerme unos lenguados o no subir por el río Landro, pero tengo que decirte que vivo en el paraíso, desde mi ventana del salón se ven los Picos de Europa que están a más de 80 kilómetros en línea recta», dice este vecino de El Rayu, una localidad vecina de Pola de Siero.

Sin embargo, no oculta que la libre circulación se recibió con gran alegría en casa de los Rodríguez González. «Yo contaba con que se pudiera venir -reconoce-. Esto no se podía eternizar, aunque mejor no digo nada que igual en dos semanas me dicen: ‘Vuélvete para casa encerrado otra vez y hay que hacerlo’. Suelo ser optimista, y la filosofía de vida que tengo se basa en ello». Señala que una vez que se permitió viajar, ellos no tuvieron miedo de hacerlo. «A mí me daría miedo ir a poblaciones grandes, con aglomeraciones de gente, porque ahí es donde creo que surgen los problemas, pero aquí y donde yo vivo, a un kilómetro de una población similar a Viveiro, si no quieres, no te juntas con mucha gente. A mí nunca me gustaron las aglomeraciones y menos ahora. Aquí tenía que soportar una todos los años, que lo hacía gustosamente porque era muy buena gente la del Resu, y aunque no es mi plan, son muy majos, y si no fuera la pandemia, estaría encantado de que estuvieran por aquí un fin de semana, pero salvando eso, es impensable», comenta Clemente.

Apenas llevan unos días instalados, pero suficientes para darse cuenta de que hay menos turistas que en años anteriores. «Hay menos gente y muchos negocios cerrados. Es cierto que en el mes de junio suele haber menos, pero no tan poca como este año», lamenta este asturiano, que a pesar de que él se siente cómodo con esta tranquilidad, le entristece que sea por lo que es. La piragua y pasear con su mujer y su nieta ocupan la mayor parte de sus días de verano, así que no tiene grandes expectativas sobre la llegada de más veraneantes. «Siempre tienes un grupo de amigos -señala- , e igual ahora alguno no puede venir, con los que te reúnes de vez en cuando para hacer una cuchipanda, pero mi vida es muy sencilla, no necesito gran cosa, ahora mismo estoy vigilando la marea para echarme al agua. Bajo y digo: ‘Tengo el trabajo de hoy hecho’».

El bum de las autocaravanas en este verano tan particular, a ellos, que llevan casi 30 años recorriendo España en una de ellas, les coge de vuelta y media, aunque confía en que esta tendencia normalice y legalice ciertos comportamientos. «Está proliferando la prohibición de que las autocaravanas aparquen en ciertos sitios, sobre todo en los centros de las localidades. Habilitan áreas, pero a mí no me gustan los guetos, si eliges la opción de la autocaravana, es para tener cierta independencia. Si yo aparco a las afueras cómo me muevo luego, no tengo vehículo. Además, si estás en tu coche, y duermes doblado a nadie le importa, pero yo como estoy en mi cama en mi autocaravana no sé a quién perjudico si estoy bien aparcado», señala Clemente, que explica que aunque a pequeña escala, este tipo de vehículos cuentan con todos los servicios que se necesitan. «Está siempre reservado», bromea Clemente.

Si no surgen imprevistos, tienen pensado permanecer hasta mediados de agosto en el cámping de Viveiro, pero no dan nada por sentado. «Si nos confinan en agosto aún bueno, no pasaría nada, pero el invierno tiene que ser un poco durillo, y mira que yo soy de frío, me gusta esquiar, y hace más frío que aquí, pero el clima de al lado del mar... », dice Clemente, al que deseamos unas buenas vacaciones.

A Toxa, tercera zona más cara de España para alquilar este verano

S. Cabrero

Galicia alberga también las áreas donde menos se paga por los pisos vacacionales

La costa gallega gana adeptos. Algunas zonas de playa de la comunidad se encuentran entre las más codiciadas por los veraneantes del resto del país. Y eso ya se empieza a notar en los precios. Porque el coste de pasar una semana en algunos inmuebles de los arenales galaicos no está al alcance de cualquier bolsillo.

De hecho, la comunidad puede presumir de tener una de las zonas más caras de toda España en lo que a alquileres estivales se refiere. Lo revela un estudio se la sociedad de tasación TecniTasa: el coste de disfrutar durante una semana de un piso de 90 metros cuadrados situado en A Illa da Toxa se eleva hasta los 2.000 euros. No es la única zona de Galicia en la que los alquileres escalan por encima de los 1.500 euros. De hecho, en Sanxenxo, un piso de 100 metros cuadrados en la playa de Portonovo se paga por unos 1.600 euros a la semana.

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