Las monjas que le devolvieron la vida a Valdeflores le dan las gracias a Viveiro

Tres dominican regresaron a un convento que abandonaron y cerraron hace un año


viveiro / la voz

Desde el pasado 6 de julio el convento de clausura de Valdeflores recuperó parte de su vida. Se la devolvieron tres de las seis monjas que lo abandonaron y lo cerraron el 18 de junio del año pasado. Eran las últimas dominicas de una congregación activa durante los últimos seis siglos. Regresaron como se marcharon de Viveiro, por sorpresa para la mayoría de la sociedad. A días de que la Cofradía de Nuestra Señora de Valdeflores concluya la campaña reivindicativa «Abre el convento con tu firma», las tres religiosas han enviado un comunicado a La Voz, expresando su gratitud a Viveiro y al barrio de Xunqueira por el apoyo que les dan en su retorno.

«Queremos hacer manifiesto nuestro agradecimiento a la señora alcaldesa del Excelentísimo Ayuntamiento de Viveiro, doña María Loureiro; don Jesús Cal, concejal, José de Covi, electricista; cofrades de la Cofradía de Nuestra Señora de Valdeflores y a todo el pueblo de Viveiro y al muy querido barrio de Xunqueira», dicen. Se han sentido «recibidas con las bendiciones de la Virgen, cantando el mismo día de llegada todos unidos el himno a nuestra bendita Madre de Valdeflores».

«Todos los mencionados y más personas -prosiguen las dominicas- nos han ayudado esmerándose en que no nos faltara de nada, llamándonos por teléfono a ver qué necesitábamos, etcétera, etcétera». Desde la fe que profesan, subrayan: «Gracias a Dios y a ellos no nos falta de nada».

«No nos ha faltado de nada»

A las monjas les «parece oportuno traer aquí algo que es historia de lo que quedado constancia en los archivos de este monasterio». Echan la vista atrás, «recordando haber oído comentar a nuestras muy queridas madres mayores» que en los tiempos de la Guerra Civil española, «allá por los años inmediatos al 36-38, se quedaron sin un céntimo del dinero que tenían depositado perteneciente a las ‘dotes antiguas’, por la mala gestión del que se lo llevaba». Rememorando lo que les decían monjas «que hace tantos años nos precedieron ya a la Casa del Padre» y, por tanto, han fallecido, cuentan que en aquellos tiempos «estuvieron ocho años sin percibir un céntimo», pese a lo cual «ellas añadían: ‘Nunca mejor hemos comido que esos ocho años. No nos ha faltado de nada».

Una experiencia de quienes las precedieron que estas tres dominicas de avanzada edad explican públicamente ahora, cuando «hacemos nuestras estas palabras de nuestras madres mayores» sobre un momento difícil. Desde el cenobio donde han pasado la mayor parte de sus vidas y que tras un año de ausencia vuelven a habitar, «con este profundo agradecimiento y agarimo queremos dejar constancia del sentir de vuestras dominicas de Valdeflores».

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