«Mi hijo no se siente niña, mi hijo es una niña»

Dos familias mariñanas forman parte de Chrysallis, la asociación de Familias de Menores Transexuales


viveiro / la voz

«Tengo un niño de diez años que manifestó desde muy pequeñito lo que sentía y lo que era, y siempre le dejamos expresarse. Mi hija no se siente un niño, mi hija es un niño». Con estas palabras resumió una madre mariñana la transexualidad de su hijo durante la conmemoración en Viveiro del Día do Orgullo LGTBI (Lesbianas, Gais, Transexuais, Bisexuais e Intersexuais). Una cita que este año contó con el respaldo de la asociación Chrysallis, de Familias de Menores Transexuales: un colectivo de ámbito estatal que agrupa a más de mil familias. Cuatro de ellas son de la provincia de Lugo, y de ellas, dos son de A Mariña (Viveiro y Burela). «No es que cada vez haya más casos, es que cada vez hay más gente que lo visibiliza, que lo comparte, que lo cuenta», señala Michelle. «Es cuestión de abrir la mente y de aceptarnos como somos», apuntó Paloma, formadora de Chrysallis que imparte charlas.

«Muchos padres no lo aceptan y muchos niños viven un infierno, los nuestros son los afortunados»

El hijo de Michelle está a punto de cumplir 16 años. Al nacer, en el hospital, les dijeron que era una niña, pero con «dos o tres años» empezó a expresar una identidad diferente al género que le habían asignado en función de sus genitales. «Estamos en la sociedad en la que estamos y te atrapan los miedos porque no sabes qué hacer, sobre todo cuando son así pequeñitos. Muchos padres no lo aceptan y muchos niños viven un infierno, los nuestros son los afortunados», comenta esta madre de Lugo, cuyo hijo sí que ha cambiado de nombre; algo muy importante, por ejemplo, para las certificaciones escolares. En el registro no ha habido problema para cambiar el nombre, pero sí lo está teniendo para cambiar el género. «Para cambiar de sexo te tienes que hormonar durante dos años, y el mío no se quiere hormonar. Y si no se hormona no puede hacerlo. Son exigencias que no atienden a las personas», concluye.

«Os compañeiros acéptanos porque os coñecen desde pequeniños, é coa sociedade coa que hai que traballar»

Alejandra recuerda que, cuando tenía dos años, su hija empezó a «mostrar tendencias contrarias ao xénero que lle asignaron ao nacer polos seus órganos xenitais no hospital». Los disfraces de princesas como Frozen -«é o icono», sonríe esta madre de Viveiro- fueron una de las primeras señales. «Eles como seres individuais vanche dicir a súa identidade, e nunca tiven ningún problema en mirala como era», explica. Su hija, de 8 años, está perfectamente integrada en el colegio. «Na escola trátana en xénero feminino como unha nena que é», explica. A los menores transexuales «os compañeiros acéptanos porque os coñecen desde pequeniños e saben como son polo que non se cuestionan nada, é coa sociedade coa que hai que traballar», apunta la mujer, cuya niña continúa con el nombre que le pusieron siendo un bebé. «Séntese a gusto co seu nome, e ata que ela se sinta a gusto, deixámola», avanza.

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