El fenómeno de la Galicia vacía llega a «The New York Times»

El diario se hace eco del interés que despierta entre los extranjeros la otra España: la de las aldeas abandonadas

Jeff King y Claudia Weber están instalados en Galicia. Fotos de Samuel Aranda para el The New York Times
Jeff King y Claudia Weber están instalados en Galicia. Fotos de Samuel Aranda para el The New York Times

a coruña/ la voz

«Mientras las ciudades de España están llenas de jóvenes luchando por encontrar un trabajo que les permita pagar las rentas urbanas elevadas, el campo es barato y está vacío». Lo dice Rachel Chaundler, la periodista enviada por la cabecera The New York Times. Galicia es la protagonista de un amplio reportaje del diario, que titula así: «¿Buscando un lugar bajo el Sol? ¿Qué tal un pueblo español abandonado?». Las imágenes del artículo las firma el fotógrafo catalán reconocido en el World Press Photo of the Year del 2011, Samuel Aranda.

Jeff King y Claudia Weber, él británico y ella alemana, son los protagonistas con los que arranca el artículo que define a la comunidad como: «Esta exuberante región del noroeste». La pareja ha comprado un complejo abandonado próximo a Viveiro. Con ellos Chaundler recupera la recomendación de la actriz Gwyneth Paltrow, que sugirió el pasado año como regalo de Navidades una aldea abandonada de Riotorto. Pero, también va un paso más allá de la superficial, bucólica y pastoril mirada que en ocasiones se transmite de la Galicia vacía. «Más de la mitad de los pueblos de España se encuentran en Galicia», escribe, y hace hincapié en que tiene la mitad de los núcleos de población abandonados de toda España: «El grupo de investigación de Daniel Herrera, del Observatorio Territorial de la Universidad de Oviedo, estima que 1,789 aldeas están vacías en Galicia. La cifra para todo el país es de 3.475».

The New York Times contextualiza en clave histórica: «Algunos españoles hicieron las Américas para buscar su fortuna. Pero no fue hasta que el general Francisco Franco industrializó las ciudades de España, en los años cincuenta y sesenta, cuando hubo un éxodo masivo desde el campo».

El reportaje, que recorre puntos que van desde A Mariña a Ourol, sitúa en los 100.000 euros la tarifa media para adquirir una aldea gallega en ruinas y tiene presente el ambiente electoral: «A medida que se avecinan las elecciones del 28 de abril, se están haciendo promesas para proporcionar a las zonas rurales más escuelas y centros médicos».

 Un «bum»

Así define Mark Adkinson, el propietario de Galician Country Homes, -la agencia con base en Rábade que les vendió la vivienda a Jeff y Claudia-, la fama galaica entre los extranjeros. «No me sorprendió que me llamaran de The New York Time. Hace unos meses me entrevistaron del Times, inglés, y la semana pasada fueron Radio France y Radio Suisse. Este es el momento de Galicia», afirma contundente Adkinson, que matiza: «Los vecinos están encantados. No hablamos de turistas, sino de gente que viene aquí a hacer su vida, que respeta el territorio y repuebla rincones vacíos». «There is just so much space», en castellano: «Hay tanto espacio», justifica su elección con esta frase Claudia Weber. «No está tan aislado como creéis», asiente Jeff King.

Los vecinos están encantados. No hablamos de turistas, sino de gente que viene aquí a hacer su vida

Los jóvenes que luchan contra la Galicia vacía

Mila Méndez
A. Manso M. Souto A. López

Ellos no se van. Son agricultores o ganaderos por vocación en un medio rural que no quieren ver desierto

En la primavera del 2016 José Antonio Balsa tenía claros sus planes. Estaba cursando segundo del ciclo superior de Ganadería y quería presentar el plan de mejora de la explotación familiar para optar a una ayuda del Programa de Desarrollo Rural (PDR). Fue la primera vez que salió en prensa en un reportaje sobre el futuro del sector. Tres años después, este joven de 22 años es cotitular de la ganadería, cuya puesta a punto es una realidad.

No hizo caso de aquellos que lo animaron a abandonar. El consejo habitual en un municipio que bien podría abanderar el éxodo de la emigración gallega en Suiza. En Ginebra, los de Tordoia cuentan con centro cultural y equipo de fútbol propios. «Foise moita xente. Non o envexo, para min é un privilexio estar aquí. Ser o meu xefe, vivir do campo. Dáme rabia cando escoito comentarios negativos como: ‘No rural, formación pouca’. Por que? Ou ‘é un traballo escravo’. É cuestión de organizarse», defiende.

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