Del Everest a las cumbres de Viveiro

El montañero gallego Ramón Blanco, de 84 años, viajó desde Venezuela para correr una prueba de 42 kilómetros

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«Soy campesino, por eso disfruto en el campo y, sobre todo en la montaña. Cuando era un crío, con 13 o 14 años, ya subía con frecuencia al monte San Roque, en Viveiro, con mis amigos». Setenta años después, el espíritu aventurero de Ramón Blanco (Xerdiz-Ourol, 1933) permanece intacto. Y es esa admirable vocación de montañero y su imperturbable perseverancia lo que le trae de nuevo a Galicia desde Venezuela, donde reside desde 1970, para participar en la Carrera Montes de Viveiro (Camovi), puntuable para la Copa Galega de Carreras por Montaña y que se celebrará este domingo con un participación que rondará los 700 atletas. Competirá en la distancia más larga, de 42 kilómetros, dispuesto a arrancar «cuatro o cinco horas antes» para alcanzar la meta antes de que se apague el bullicio en la Praza Maior. «Y si tengo que retirarme antes, lo haré sin problema», afirma.

«Es un honor volver a recibir a Ramón Blanco, un Messi del montañismo». En el comité organizador de la Camovi sacan pecho por la presencia del hombre que entre 1993 y 1998 ostentó el honor de ser el alpinista de más edad en coronar el Everest y con un currículo deslumbrante el que figuran, entre otras hazañas, infinidad de expediciones a cumbres de más de 3.000 metros y otros dos ochomiles además del mítico pico del Himalaya ?el Broad Peak y el Gasherbrum, en Pakistán?, así como aventuras en el Aconcagua o en la Antártida. «De todas y cada me siento orgulloso, pero recuerdo con especial emoción la primera subida a una gran montaña, que fue en México y yo solo, sin ayuda. Empecé a seguir las huellas y llegué al cráter», cuenta con nostalgia.

Cerrada su etapa de alpinista, Ramón Blanco sacia su sed aventurera con carreras de larga distancia por la montaña. Hace tan solo unas semanas compitió en Venezuela en una en su honor. «Allí tengo un montón de seguidores que conocen mi trayectoria y siguen con interés todo lo que hago», dice el inoxidable atleta mariñano, protagonista de infinidad de documentales y con una fuerza de voluntad de hierro. «Prácticamente todos los días salgo a correr, no a andar, a las cuatro de la mañana. Entreno alrededor de una hora», asegura. Su campo de entrenamiento son los alrededores de la urbanización privada en la que vive en Caracas, la capital venezolana. «Claro que me gustaría entrenar en la montaña, pero con la inseguridad que hay es imposible», dice. Y afirma sin titubeos que, a pesar de las dificultades que sufre el país sudamericano ?«la gente hurga en la basura en busca de comida», cuenta?, la idea de regresar a sus orígenes en A Mariña e instalarse al lado de su familia no la contempla. «Soy muy testarudo, no me rindo tan fácil. La voluntad y el sacrificio son imprescindibles para cualquier faceta de la vida y a mí me han permitido vivir experiencias inolvidables en la montaña», razona. Para Ramón Blanco la fecha de caducidad no existe: «Seguiré en esto hasta que el cuerpo aguante, soy inmensamente feliz», sentencia.

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