El cierre de fronteras que rompe pueblos y familias y dinamita la economía

José Francisco Alonso Quelle
josé alonso RIBADEO / LA VOZ

RIBADEO

Un control de movilidad de la Guardia Civil en las inmediaciones de Porto, en la entrada a Vegadeo
Un control de movilidad de la Guardia Civil en las inmediaciones de Porto, en la entrada a Vegadeo

Vecinos de Ría de Abres (Trabada) no pueden cruzar a su cementerio en Abres (Vegadeo)

09 ene 2021 . Actualizado a las 19:13 h.

A Mariña ha quedado aislada por Asturias, después de que el Principado decidiese esta semana confinar la región para tratar de contener la expansión del covid, que está registrando en Asturias sus registros más elevados de contagios. Como Galicia no ha hecho lo propio, de momento los controles solo se realizan en la zona asturiana, singularmente en Vegadeo, en Porto, por agentes de la Guardia Civil. Pero poco a poco el movimiento entre las dos comunidades se va conteniendo, con su demoledor efecto en la economía. Se nota singularmente en Ribadeo, donde Acisa estima que el 60 % de los ingresos provienen de clientes de Asturias. Pero también en otras localidades de A Mariña, como Foz, en donde muchos asturianos tienen su segunda residencia. Pero más allá de la economía, el cierre de fronteras rompe pueblos y familias en espacios limítrofes, mestizos, en donde las fronteras solo existen a nivel teórico y administrativo.

Uno de los paradigmas de esta situación se da en Abres, una zona compartida por Trabada y Vegadeo, en donde cruzar un puente de apenas unos metros supone situarse en una u otra región. El mejor ejemplo se da este fin de semana, con la festividad de Todos los Santos, porque el cementerio se encuentra en Abres (Vegadeo-Asturias), y es allí donde familias de Ría de Abres (Trabada-Galicia), tienen enterrados a sus familiares. La teoría dice que la frontera no se puede cruzar, pero la realidad es otra y la norma se hace cumplir y respetar con evidente laxitud.

«El cierre supone que nos dividan nuestro cuerpo en dos», describe de una manera gráfica el alcalde de Vegadeo, Cesar Álvarez, quien menciona el caso de muchas familias divididas a ambos lados de la ría, que vecinos de uno y otro lado cruzan con frecuencia por motivos sociales o económicos.

En el municipio vecino de Castropol, el alcalde, Javier Vinjoy, afirma que esta situación requiere un esfuerzo de adaptación muy importante para mucha gente porque entre su concejo y el de Ribadeo, separados solo por el puente de los Santos sobre la ría, se comparten espacios como si fuera una misma comarca con «mucho trasiego no solo el fin de semana, sino todos los días».

Son muchos los vecinos que residen en uno de estos concejos y, sin embargo, trabajan o estudian a uno u otro lado del límite autonómico por lo que algunos, por ejemplo, tienen que pedir certificados de movilidad para ir a clases de música cuando hace unos días no necesitaban «pasaporte».

En cualquier caso, el alcalde de Castropol ha asegurado que la ciudadanía está concienciada con la necesidad de preservar la salud pública y luchar contra la pandemia, pese a que este concejo, al igual que Vegadeo, tiene una baja incidencia.

De momento, en estos primeros días el impacto del cierre de la frontera asturiana ha sido menor del previsto. En la zona comercial de Vilar, en Ribadeo, a la que acuden gran número de asturianos, se continuó viendo un notable trasiego este fin de semana. Uno de los atractivos para acudir a ellos eran las ofertas que había de flores: «De momento no se está notando mucho», comentaba una responsable de caja, recordando que en el confinamiento de A Mariña, con los controles de la movilidad que se montaron en la zona gallega, sí se notó mucho más.

Las distintas normativas que se aplican a uno y otro lado del Eo están provocando situaciones paradójicas. Ocurrió, por ejemplo, durante el brote de A Mariña en julio, cuando se obligó a la hostelería a cerrar antes. Entonces se daba el caso en Ribadeo de pandillas que estaban cenando y al acabar decidían cruzar el puente de los Santos para ir a Tapia, donde los locales permanecían abiertos hasta bien entrada la madrugada.