Schultz, el ingeniero alemán de Ribadeo que proyectó la carretera Mondoñedo-Viveiro

La villa en la que vivió de 1832 a 1841 le dedicó una calle


Era alemán. Fue uno de los más relevantes científicos de su tiempo, pionero de la Geología y la Minería en España y autor del primer mapa petrográfico de Galicia. Vivió en Ribadeo entre 1832 y 1841 cuando la villa era sede del Distrito Minero de Galicia y Asturias. Y murió en Aranjuez en 1867, soltero y escaso de recursos, él, que pudo haberse enriquecido explotando cualquiera de los muchos tesoros que halló a lo largo de su austera y metódica vida. Su obsesión era que su trabajo científico promoviera el desarrollo. En su epitafio, que costearon sus amigos, así se recoge: «Era incansable en procurar el bien público, servir a sus amigos y socorrer a los necesitados. Murió pobre pero sin deudas». Hizo la primera fábrica de Chavín y el proyecto de la carretera Mondoñedo-Viveiro. Pero, sobre todo, trabajó por A Mariña y Galicia entregado en cuerpo y alma. Y aquí sigue. Ribadeo perpetuó su nombre con la calle Ingeniero Guillermo Schultz…

Su amor por Galicia fue irrenunciable y en 1865, dos años antes de morir, pasó una temporada en Lugo y Chavín y elaboró el plano de la vía Viveiro-Mondoñedo. Está firmado en 1867 cuando, en A Mariña había cuatros carreteras en uso construidas por el Gobierno: Vivero-Vilalba por Ourol; Mondoñedo-Ribadeo por Barreiros; Lourenzá-Reme por Cabarcos, Cubelas y Vilela; y Ribadeo-Vegadeo, que estaba en construcción para seguir hacia Lugo. La de la Costa, Ribadeo-Viveiro, aún era un proyecto y el resto, caminos de herradura.

 De Ferreira a Xove, por Sargadelos

Schultz justificó su plan en «demostrar la necesidad administrativa, agrícola y mercantil de una vía entre Mondoñedo (‘capital del Obispado, jefatura rentística y jurídica') y Viveiro (‘cabeza de Partido y puerto de mar')». Su trazado es similar al actual pero con matices. Parte de Mondoñedo, pasa entre Viloalle y Masma, se dirige a Oirán, gira hacia Adelán y continúa hacia Ferreira pasando entre Castro de Oro y Carballido, muy próxima a esta localidad. De Ferreira sigue a Vilacampa, pasa por Boimente y Chavín y enlaza en Landrove con la de Lugo.

El ingeniero alemán destaca que el trazado es el menos costoso y 11 kilómetros más corto que el propuesto por Ferreira, Sargadelos, Xove y Celeiro. Dice que no ofrece cuestas evitables ni largos tramos despoblados ni requiere grandes obras de fábrica: la mayor es un pontón sobre el arroyo Riobó, en O Saltón. Y tiene la ventaja que comunica Viveiro con Asturias, siguiendo desde Oirán por Cabarcos y Cubelas a Vegadeo, y con Ribadeo por Barreiros «cuyas dos carreteras están corrientes»

Resalta también que facilita la comunicación entre Viveiro y Meira, por Mondoñedo, aprovechando la carretera de la Infesta y abriendo un carril desde Sasdónigas por Úbeda, Pastoriza y Piñeiro a empalmar en la vía que el Gobierno construía entonces «de Ribadeo por Meira al Cerezales».

Con sus obras situó a Galicia en la vanguardia de la geología

Guillermo Schulz (1805-1877) pasó toda su vida profesional al servicio del Estado Español. Su primer destino fue Galicia. En los años 1834 y 1835 firmó en Ribadeo el Mapa Petrográfico y la Descripción geognóstica del Reyno de Galicia, dos obras que describen el territorio desde un punto de vista geológico y minero. Fueron un hito tan grande que situaron durante años a Galicia a la vanguardia de la geología española.

Espíritu emprendedor

Lejos de enriquecerse con las nuevas minas y tesoros que halló o de seguir con la cómoda labor de Inspector de Minas de Galicia y Asturias, su espíritu honesto, emprendedor y solidario, lo llevó a otras regiones (Asturias, Almadén, Las Alpujarras…), a involucrarse en la regulación de los estudios de ingeniería de minas -la Escuela de Capataces de Mieres o la Escuela Superior en Madrid- y a asumir responsabilidades en la Administración. Presidió en la comisión del Mapa Geológico de España -el actual Instituto Geológico y Minero- y fue vicepresidente de la Junta Superior de Minería y vocal del Consejo de Instrucción Pública.

El ingeniero Schultz escribió otras obras capitales en la minería española y sus notas de campo son consideradas como una pionera guía de turismo rural.

Un monumento en Dörnberg

Su vida y obra fue ampliamente estudiada por personalidades y entidades tan prestigiosas como Díaz Fierros, Parga Pondal, Angela Bugallo, Buxa, Adaro Ruiz, Ayala-Carcedo o Vidal Romaní. Ciudades como Oviedo, Gijón, Mieres o Ribadeo le dedicaron calles y bustos y su localidad natal, Dörnberg (Alemania), un gran monumento en el año 2005.

Chavín, el mindoniense que plantó eucaliptos y el mecánico

Detrás de la industrialización de A Mariña estuvo el germen alemán. No solo con técnicos de Sargadelos o de las minas de Vilaodrid y A Silvarrosa sino en la industria del caolín, centrada en Burela en la posguerra con los ingenieros Kaspar o Foster.

En 1850, el ingeniero alemán, Wilhelm Phillip Daniel Schultz Schweizer -que así se llamaba Guillermo Schultz- dirigió la construcción de la primera fábrica que se radicó en Chavín, la de Bassols y Cía, de hilados de tejidos de lino y algodón. Él mismo dirigió la explotación durante un tiempo y formó parte de la sociedad. Donapetry, el cronista viveirense, dice que un motor hidraúlico ?la turbina Fourneyron- accionaba las instalaciones que se completaban con un molino harinero. Las aguas se derivaban del Landro, en A Retorta, y se conducían por un canal de un kilómetro de largo.

La fábrica -que también producía lienzos, velames y lonas- tuvo una vida «accidentada y breve» y funcionó poco más de diez años hasta que fue adquirida en 1864 por el mindoniense Diego Valiño Montenegro, un hacendado que pasa por ser quién plantó los viejos eucaliptos de Chavín. Lo hizo para facilitar el drenaje ?los eucaliptos absorben mucha agua- de los terrenos de la fábrica próximos al Landro y propensos a inundarse en época de lluvias. Valiño residió en A Coruña y fue gran amigo del ingeniero Schultz.

A su muerte, en 1895, la fábrica fue comprada por la sociedad Durán y Presas -según la Asociación Buxa- para acabar en manos del mindoniense de Viloalle, José Barro, que, a partir de 1896, abrió una central eléctrica, un aserradero mecánico y un molino harinero con tres moas, además de aprovechar parte de las viejas dependencias textiles para fabricar tejidos de punto bajo la razón social A. Durán y Cía, de corta vida, según Donapetry.

En la década de 1900, Barro cerró el aserradero, el molino y la fábrica de tejidos y centró su actividad en producir electricidad y en un taller mecánico y de montaje de automóviles que fue una referencia en Galicia.

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